IGR: 0110. Versión: 227. Rima: á. Hemistiquios 93.
Cespedosa de Tormes (ay. Cespedosa, p.j. Béjar, Salamanca, España)
Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad.
Sentadito en su balcón estaba el conde don Blas
cuando llaman a la puerta y un aviso que le dan,
que se ha movido una guerra entre Francia y Portugal.
Si a los ocho años no vengo, condesa, te pués casar.
Los ocho años van de bueno, los nueve de bueno van.
Un lunes por la mañana mandó su padre a llamar:
¿Cómo no te casas, hija, cómo no te casas ya?
¡Cómo quieres que me case
si entre sueños he soñado que vive el conde don Blas!
Se ha metido en su aposento y se ha empezado a mudar.
Puso saya sobre saya y un vestido de sayal.
Ha cogido un bordón de oro y ha empezado a caminar.
Al pie de una fuentecilla se ha parado a descansar;
vio venir un pajecito con mulas a pasear:
¿De quién son esas mulitas que tan gorditas están?
Estas mulas, romerita, son del conde don Blas,
que esta noche le desposan, mañana le casarán,
Y dónde habita ese conde, adónde está, dónde está?
En el palacio más alto que hay en esta ciudad.
Tres vueltas le dio al castillo sin saber por dónde entrar;
vio salir a una criada con el agua de fregar:
Dios le guarde, la criada, y Dios le libre de mal,
a una pobre romerita limosna le podrán dar.
Baje a la puerta de abajo, que allí le saldrán a dar.
Y ¡mira quién fue a salir, el mismo conde don Blas!
Dios le guarde, señor conde, y Dios le libre de mal;
a una pobre romerita limosna la podrá dar.
Echó mano a su bolsillo y una moneda le da.
¡Poca limosna das conde pa la que solías dar;
que dabas ramos de oro y duros por estrenar.
¿Quién es esta romerita que a mí me sabe nombrar?
Yo soy la primer mujer que tuvo el conde don Blas.
La ha agarrado de la mano, para dentro la ha hecho entrar.
Ha mandado a una criada la saque de merendar.
Se asoma la otra doncella con la que se iba a casar:
¡Malas mañas tienes, conde, yo te las haré olvidar.
Que las tenga o no las tenga, a ti nada te se da.
Si tienes gallinas muertas, tu madre las comerá;
si tienes besos y abrazos, con ellos te quedarás
que doña Inés es mi esposa, con ella me he de marchar.
Cuando vayas en el coche volverás la vista atrás,
que desde el balcón más alto tú me verás arrojar.
Te arrojes o no te arrojes, o te dejes de arrojar,
que los amores primeros son muy malos de olvidar.
Se ha subido a un alto pino por ver si los divisaba,
lo que divisó fue el polvo del coche que los llevaba.