La Condesita v222

IGR: 0110. Versión: 222. Rima: á. Hemistiquios 92.

San Martín del Pimpollar (ay. San Martín del Pimpollar, p.j. Piedrahita, Ávila, España)

Guerras, guerras se han armado    entre Francia y Portugal
y al conde de Miraflores    le llevan de capitán.
Los ojos de la condesa    no cesaban de llorar:
¿Cuántos años, cuántos meses    cuántos días vas a estar?
Siete, siete, mi condesa,    siete años debo estar;
si a los ocho no he venido,    me puedes ir a buscar,
que es señal de que me he muerto    o que me quiero casar.
Pasaron los siete años,    para los ocho va ya;
la dijo su padre un día:    Hija, te puedes casar.
No me casaré yo, padre,    no me casaré yo tal,
que el conde Flor no se ha muerto,    que el conde Flor vivo está.
Écheme la bendición,    que yo le voy a buscar.
La de Dios te caiga, hija,    que es mejor y vale más.
Coge un palito en tu mano,    que te ayude a caminar.
No pregunta por mesón    ni menos por hospital,
pregunta por el palacio    donde el conde Flor está.
Al entrar en Zaragoza    un paje hubo de hallar:
Dios te guarde, pajecito,    tú me dirás la verdad:
¿de quién son esos caballos    que vienen de pasear?
Son del conde Miraflores,    mañana se va a casar;
ayer mataron la carne    y hoy están másando el pan.
¿Dónde estará ese señor,    que con él quisiera hablar.
Vaya usté ese patio alante,    paseando le hallará.
Buenos días tengáis, conde,    buenos días tengáis tal.
Le ha pedido una limosna    y la ha alargado un real.
Para tan grande, señor,    ¡qué poca limosna da!
¿Dónde, dónde es la romera    que habla tan liberal?
Soy de los muros de Francia,    gente noble y principal.
Una hija tiene el rey,    ¿es casada o por casar?
Casada dicen que es,    casada dicen que está,
con el conde Miraflores    y le ha salido a buscar.
Se levanto el faldellín    para guardarse el real.
Ese vestido, señora,    yo se lo hube de dar.
Tú me lo diste, mi conde,    mañanita de San Juan.
Al oír estas palabras    el conde cayó pa atrás.
¡Oh!, malhaya la romera    y quien la ha traído acá,
que nos ha matado al conde    y a ella la hemos de matar.
No se ha muerto, no se ha muerto,    que el conde Flor vivo está.
Le dio la mano la novia,    no se pudo levantar;
se la ha dado su mujer,    y se hubo de levantar.
Vitor, vitor, caballeros,    que tengo mujer leal,
que de los muros de Francia,    sola me vino a buscar.
La novia que yo tenía    ya me debe perdonar;
los vestidos están hechos,    ella se los romperá;
los bollos están masados,    a los pobres se darán,
que me voy con mi mujer,    que es mejor y vale más.

Bibliografía:
Recogida en 1941. (Archivo: AMP). Publicada en Schindler 1941, p. 46; música, p. 168. Reeditada en RTLH 4 (1970), pp. 157-159, nº V.167.