Conde Claros en hábito de fraile v27

IGR: 0159. Versión: 27. Rima: á. Hemistiquios 89.

Cubillas de Rueda (ay. Cubillas de Rueda, p.j. León, ant. Sahagún, comc. Rueda, León, España)

Oid todos, mis amigos,    estando en buen lugar,
dormí con la mejor chica    que en España come pan.
Unos dicen: «¿Quién sería?»,    y otros dicen: «¿Quién será?,
¿si será la Galanzuca    o la hija de don Juan?»
La Galanzuca, señores,    hija del conde Galán.
Y el conde, de que lo supo,    la ha mandado aprisionar;
y la ha cargado de hierros    desde el hombro al carcañal.
Toditas las sus amigas    la iban a visitar.
Mucho sentimos, señora,    mucho sentimos su mal,
mucho sentimos, señora,    sin poderlo remediar.
¡Quién me llevara una carta    para el conde Montealbar!
Y lo oyera un primo suyo,    que no era primo carnal.
Escríbala, usted, señora,    que yo se la iré a llevar,
por un ochavo de vino    y por dos onzas de pan.
Por un ochavo de vino    siete leguas tié que andar;
de las siete pa las ocho    una torre vio asomar.
Si aquella torre es de moros,    allí me cautivarán;
y si es de cristianicos,    allí darán vino y pan.
Siete vueltas dio al palacio    por ver si podía entrar;
de las siete pa las ocho    con el conde vino a dar.
Carta le traigo, don Carlos,    de muy grande novedad,
que a su amiga Galanzuca    ya la iban a quemar.
Si la queman, que la quemen,    a mí lo mismo me da,
sólo lo del vientre siento,    que es de mi sangre real.
Se ha metido para adentro,    se vistió de padre abad;
de ocho caballos que tiene,    seis ha mandado ensillar.
Caballo que anda una legua    ya le hizo arrodillar;
caballo que anda dos,    la tierra le hizo besar.
Ya llegaron a la quema    donde la iban a quemar.
Alto, alto, la justicia    y la vara la maldad,
que esa niña es muy pequeña    y se querrá confesar.
Confesada ya está, padre,    y no ha dicho la verdad.
Traigan para acá esa niña,    la quiero reconciliar.
La ha agarrado por la mano,    la llevó para el altar.
Ven acá, perra traidora,    tú, lengua sin verdad.
Yo sí he dormido tres noches    con el conde Montealbar;
una fue sobre su capa,    dos sobre mi breve real;
una fue porque yo quise,    dos a mal de mi pesar.
Y el conde, de que esto oyó,    un beso la quiso dar.
Volvieron para la quema    donde la iban a quemar.
Esa leña que ahí tienen    a los perros puen quemar;
y el rey, si tiene más hijas,    que las trate de casar,
y que las case con condes,    que esta con don Carlos va.
Si la llevas por esposa,    Dios te la deje gozar;
si la llevas por esclava,    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Bibliografía:
Recitada por Audimia Reyero Martínez (72a). Recogida por Julio Camarena, Paloma Esteban, Antonio Lorenzo y Isabel Rodríguez, 1985. (Archivo: ASOR; Colec.: Encuesta LEÓN 85; cinta: 11.11-7.1/B-06 y 11.11-7.3/A-03). Publicada en TOL I 1991, pp. 123-124.