IGR: 0372. Versión: 5. Rima: é-a. Hemistiquios 135.
Villarino tras la Sierra (ay. Trabazos, ant. Villarino tras la Sierra, p.j. Zamora, ant. Alcañices, comc. Aliste, Zamora, España)
Muralla cubre muralla combate la mar serena
el mejor puerto de mar que el rey tenía en su tierra.
En esta ciudad vivía, dentro de la calle Nueva,
una mujer que le llaman doña Juana de Cabrera
Y esa tal tiene una hija que le llamaban Lorenza
más linda que hermosas flores, más que Dianas discretas:
su gargantilla de alcofre, su cuello blanco y rodela.
Trataron de casarla con un mozo de la tierra.
Tan buen mozo, gentilhombre, se llama Melchor Iglesias.
Mañanita de San Juan, cuando el sol tiende su senda,
muchos galanes y damas iban a pasear sus huertas
y don Melchor también iba con su querida Lorenza.
Al pie de una fuente roca saltaron moros en tierra;
los cautivan a los dos, al buen Melchor y Lorenza.
Del otro lado de la mar avisan a Málaga, su tierra:
Adiós, Málaga, famosa, vecinas de la mi puerta.
Madre de mi corazón, ya no la volveré a ver
pues que los moros me llevan.
Otro día en la mañana luego los puson en venta.
los mercara una morita de gran linaje y hacienda
los mercara por tres años sin que rescate tuvieran.
Por ellos cien dobles dio, por ellos cien dobles diera,
en el medio de la plaza luego les echó la cadena.
Estando un día comiendo, tirando el pan por la mesa:
Sabrás, Melchor de mi vida, que tu amor me causa pena
y si reniegas de Dios y Mahoma, mi profeta,
nos casaremos los dos gozarás reinos y hacienda.
No lo quiera Dios del cielo ni la Majestad suprema,
que tengo los ojos puestos en mi querida Lorenza.
La mora, de que esto oyó, no podía ver a Lorenza;
pensando que era la causa de no casarse con ella.
S` otro día en la mañana luego la puso en venta.
N` había moro ni mora que por ella blanca diera
si no fue el perrito moro que tarde vino a la feria.
Por ella cien dobles dio, por ella cien dobles diera;
en el medio de la plaza luego la echó a la cadena.
Adiós, Melchor de mi vida, me apartan de tu presencia.
No llores, querida mía, no llores, que me das pena.
Las lágrimas de tus ojos en tus pechos las detengas;
por donde quiera que vayas, arrames menudas perlas.
Don Melchor, como no duerme, al camino le saliera,
mató la mora y tres criados y una criada que llevan.
Se va el montito abajo, que el mar está muy cerca;
vieron estar un barquichuelo amarrado a la cadena.
Echaron remos al agua, al aire, una fresca vela
que hicieron de la camisa de su querida Lorenza.
El aire viene favorable, ¡qué ricamente navega!
Dentro de veinticuatro horas estaban puestos en tierra.
Mil gracias daban a Dios, mil veces besan la arena,
de que los había sacado de tan perrerías tierras.
Ahora pido que me lleves al pueblo de aquí más cerca.
La primer casa que fueron luego fue la de Lorenza;
de tres hermanas que tiene le salió la más pequeña.
Madre de mi corazón,
qué romeros tan lindos hay a la nuestra puerta.
Diles que suban pa arriba y echarán aquí la siesta.
¡Válgame Dios de los cielos, que si no se me aparece
a una hija que yo tenía que le llamaban Lorenza.
La cautivaron los moros, no he vuelto a saber d`ella.
Usted, si la viera ahora, ¿usted, si la conociera?
Yo, si la viera desnuda, yo sí la conociera:
que en su ladito derecho un rico lunar tenía
con tres cabellitos rubios que su cuerpo le ciñeran.
Alégrese, la mi madre, que yo soy la su hija Lorenza.
La madre que esto oyó, para atrás se cayó muerta.
Levántese, la mi madre, y vámonos a la iglesia
a darle gracias a Dios que nos trajo a nuestras tierras.
Dentro de muy pocos días se hicieron bodas y fiestas.
Notas: -26b y M. debería ser por M.; -31a ¿será causa? (apenas se oye); -55a tal vez moros tan lindos. Véase la entrada 1948 (tema 275, versión 2), que registra una versión del romance recogida precisamente en Villarino tras la Sierra por Navarro Tomás en 1910, cuando aun no había nacida María Manil. No es de extrañar el estrecho parentesco entre las dos versiones villarinas de este largo romance vulgar.