IGR: 0372. Versión: 4. Rima: é-a. Hemistiquios 90.
Villaverde (parr. Grazanes, ay. Cangas de Onís, p.j. Cangas de Onís, Asturias, España)
Mañanita de San Juan el sol se extiende en su centro,
por la marina caminaban muchas damas en concejo,
y también iban los dos el buen Melchor y Laurenza
(es propio de enamorados adelantarse una legua).
Al par de una fuente roja saltan los moros en tierra,
cautivarán a los dos, al buen Melchor y Laurenza.
Desde que ella se vio cautiva y en tierra ajena
no hay dolor que llegue al suyo, pena que llegue a su pena.
Adiós Málaga, le dice, patria regalada y bella,
madre de mi corazón, ¡ay! que los moros me llevan.
En la plazuela de Argel luego los ponen en venta,
no hubo moro ni mora que por ellos dies` moneda,
si no es un renegado muy poderoso en hacienda;
cinco mil doblones saca, los dos mil por mí los diera.
Hácenles la mala vida, hácenles la mala y negra;
de noche moler esparto, de día moler cebera,
y con un freno a la boca pa` que no comiese de ella.
Quiso Dios y mi fortuna que me diese un ama buena,
mientras el moro a caza iba me quitaba la cadena,
y me daba de comer de lo que comía a su mesa,
y me daba de beber por una taza francesa;
me echaba en su regazo, me cataba la cabeza.
Estándome un día catando me dijo de esta manera:
Casa conmigo, Melchor, que tu amor me causa pena.
No lo puedo hacer, señora, aunque me trague la tierra.
Tú amas también, Melchor, por eso mi amor desprecias.
Cierto es que los he tenido pero no están en mi tierra.
Desde allí la perra mora no podía ver a Laurenza
pensando que era la causa de que no casase con ella.
Tuve lugar una noche para salir de esta tierra;
eché los remos al agua, arriba la blanca vela,
de la camisa que traía y a mi querida Laurenza.
Desque se vieron en salvo mil veces besan la tierra,
mil gracias dan a Jesús, a María madre nuestra;
fueron a pedir limosna en casa de la Laurenza,
sale una hermana a la puerta y exclama de esta manera:
Madre de mi corazón, ¡cómo se me representa
una pobre que está aquí a mi hermana Laurenza!
Hija de mi corazón, ¡cómo se me representa
a una hija que yo tenía que se llamaba Laurenza!
Me la cautivaron moros, jamás he sabido de ella.
Yo soy esa desdichada de quien vos lloráis la ausencia,
y este que viene conmigo es el buen Melchor de Iglesias.
A otro día por la mañana ya los casan, ya los velan;
acabaron en su casa en nuestra fe verdadera.