IGR: 0231. Versión: 44. Rima: ó+á. Hemistiquios 78.
Sobrepeña (ay. La Ercina, p.j. Cistierna, ant. Riaño, comc. Cistierna, León, España)
No la maldiga usted, padre no la eche tal maldición,
que si no ha tenido hijos, porque Dios no se les dio.
Déme usted caballo y armas, que a la guerra me voy yo.
No eres pa la guerra, hija, no eres pa la guerra, no;
tienes los pechos muy grandes, no te dicen de varón.
Si tengo los pechos grandes, yo me les apreto, yo;
déme usted caballo y armas, que a la guerra me voy yo.
No eres pa la guerra, hija, no eres pa la guerra, no,
tienes el pelo muy largo, no te dice de varón.
Si tengo el pelo muy largo, pronto me lo corto yo;
déme usted caballo y armas, que a la guerra me voy yo.
No eres pa la guerra, hija, no eres pa la guerra, no,
tienes el [cutis] muy fino, no te dice de varón.
Si tengo el cutis muy fino, moreno le pondré yo,
diendo pareja en la izquierda, moreno será el color.
Ya la dan caballo y armas y a la guerra se marchó.
¿Cómo me he llamar, padre, cómo me he llamar yo?
Conde de los ojos negros, que a mi siempre me gustó.
Enamorado estoy, madre, enamorado estoy yo,
conde de los ojos negros es hembra, que no es varón.
¿En qué lo conoces, hijo, en qué lo conoces, sol?
En el vestir y calzar y acordonar el jugón.
Pues llévala tú, hijo mío, a los lindos a mirar,
que si ella es mujer, a los espejos se irá.
Conde de los ojos negros a los trabucos se va:
¡Ay!, qué espejitos de oro para niñas regalar.
¡Ay!, qué trabucos de oro para con moros pelear.
Enamorado estoy, madre, enamorado estoy yo,
conde de los ojos negros es hembra, que no es varón.
Pues llévale tú, hijo mío, a los mares a bañar,
que si ella fuera mujer, no se quería desnudar.
Conde de los ojos negros ya se ha echado a llorar:
Cartas van y cartas vienen, cartas de luto me dan,
que mi padre ya se ha muerto y mi madre el expirar;
licencia le pido, rey, si usted me la quiere dar.
La licencia ya la tienes, si tú la quieres tomar.
Quédese con Dios, rey, y toda la corte real,
siete años le he servido en su palacio real
y otros tantos le sirviera, si no fuera el desnudar.