La Condesita v249

IGR: 0110. Versión: 249. Rima: á. Hemistiquios 86.

Coronada de la Serena (ay. La Coronada, ant. Coronada, p.j. Villanueva de la Serena, Badajoz, España)

Cuando el conde don Valdivia    se disponía casa[r],
buscaba la dama hermosa    chiquita y de poca eda[d].
A los tres días de casado    el rey les mando llama[r]
La princesa, como es niña,    se ha parado a pregunta[r]:
¿Por cuántos meses o días    podéis estar por allá?
Por meses o días no cuentes,    por años podéis conta[r];
si a los siete no he venido    princesa puedes casa[r].
Al hacer los siete años,    que para ocho iban ya,
estando un día merendando    su padre la empezó habla[r]:
Princesa, ¿cómo no casas?    Padre, no piense usted tal,
que tengo carta en mi pecho    qu` el rey-conde vivo está.
Si usted me diera licencia    para salir a busca[r].
Licencia me pides, hija,    tú te la puedes toma[r],
porque la mujer casada    tiene esa liberta[d]
de buscar a su marido    por dónde quiera que va.
Mandó hacer una esclavina    para otro día marcha[r].
Cuatro sastres la cosían,    no la podían acaba[r].
Ha montado en su caballo    y ha empezado a camina[r];
más oro llevaba encima    que todita la ciuda[d].
A la entradita de Cádiz    a un pajecito vio ya:
Pajecito, pajecito,    no me niegues la verda[d],
¿de quién son esos caballos    que sacáis a pasea[r]?
Son del conde don Valdivia,    que hoy su boda será.
¿Está muy lejos el pueblo?    Una legua poco más.
Al poco que iba llegando    venían de desposa[r].
Se acerca a pedir limosna    por Dios y la carida[d].
Se ha echado mano al bolsillo    y de limosna dio un real.
Para tan gran caballero    ¡poca limosna me da!
No lo hago por la limosna,    ni por lo que me has de dar,
lo hago por el anillo    que llevas en el pulga[r].
El conde, que oyó esto,    cayó al suelo mortal.
Romera, si eres de Roma,    te quisiera pregunta[r]
si mi romera está muerta    o está dispuesta casa[r].
Tu romera no está muerta,    ni está dispuesta casa[r];
la romera que tú buscas    delante la tienes ya.
¡Oh, romera de mi vida,    que me has venido a busca[r]!;
fuistes mi primera esposa,    contigo me he de casa[r].
La otra por ser postrera,    burlada se ha de queda[r].
La otra se sube al patio    y al oírlo platica[r]:
Mujer, eres el demonio,    me has venido a insulta[r].
Que el rey-conde es mi marido    y me lo vengo a lleva[r].
Ha montado en su caballo    comenzando a camina[r],
y el collar y los pendientes    de besos y abrazos van.

Bibliografía:
Recogida por Bonifacio Gil García, 1944. (Archivo: AMP; Colec.: Gil García, B.). Publicada en Gil García 1944, p. 17. Reeditada en RTLH 4 (1970), pp. 183-184, nº V.195.