IGR: 0105. Versión: 1. Rima: í=a. Hemistiquios 136.
España
Reinando el rey don Alfonso, el que Casto se dezía,
andados diez y siete años del reinado que tenía,
cuéntase del en su historia que este noble rey avía
una muy hermosa hermana que como a sí la quería,
llamada doña Ximena, la cual mientras él fazía
mil bienes y santas obras, con que mucho a Dios servía,
dizen que se casó a furto con el conde don Sancho Díaz,
que era conde de Saldaña de gran linaje y valía.
Huvieron ambos un fijo que Bernaldo se dezía,
mas como lo supo el rey pesóle en gran demasía,
y fizo en León sus cortes y al conde a llamar embía
con dos valerosos condes, de quien no poco se fía:
el uno es don Arias Godo, que esse renombre tenía,
el otro era don Tibalto, y a los dos el rey dezía:
Diréis al conde que venga con muy poca compañía.
Pártense los mensageros, para Saldaña se ivan,
después de aver recadado aquello porque ido avían,
todos de consuno juntos para León se bolvían,
y cuando huvieron llegado donde el rey los atendía,
vio el conde mala señal en que no lo recebían,
ca solíanlo fazer cuando a la corte venía.
Desto pesó mucho al conde, por la ruin señal que vía,
y luego que supo el rey que el conde era en la Villa,
mandó armar sus cavalleros, a todos apercebía;
también dixo a sus monteros, que a su servicio cumplía
que estuviessen bien guisados para lo que mandaría,
y es cuando sea en palacio venido el conde Sancho Díaz,
echad mano todos dél y prendedlo por tal guisa,
que no se vaya ni pueda soltar por ninguna vía.
Después que guisados fueron y el conde venido avía,
no huvo ninguno que huviesse para prenderle osadía,
cuando vio el rey que dudavan, dándoles vozes dezía:
Varones, ¿por qué dudades, que no lo prendéis aína?
Cuando ellos vieron que al rey de todo en todo plazía,
todos juntos dél travaron y allí ante el rey le prendían.
Desque el conde se vio preso, dixo con cuita que avía:
Señor, ¿en qué vos erré, o qué culpa fue la mía?
¿Por qué me mandáis prender? A lo cual le respondía:
Assaz hezistes, el conde, que ya el hecho se sabía
de vos y doña Ximena, que encubrir no se podía;
por ende vos prometo y juro que en días de vuestra vida,
de aquessas torres de Luna no salgades sólo un día.
El conde le dixo entonces, con gran cuita que sentía:
Mi señor sois, y faredes lo que más bien os vernía,
y pídovos por merced, pues es tal la dicha mía,
mandéis criar a Bernaldo, que en las Asturias yazía.
Luego le meten en fierros, que el rey assí lo quería,
y en el castillo de Luna al conde preso ponían,
y a doña Ximena el rey luego en orden la metía,
Después de aver esto fecho, a las Asturias embía
por Bernaldo su sobrino y en sus palacios lo cría,
al cual tanto el rey amava y tan gran amor avía,
como si fuera su hijo, porque ninguno tenía;
el cual desque fue mancebo muy esforzado salía,
de gran coraçón y seso e ingenioso a maravillo,
de hermoso cuerpo y cara que nada le fallecía;
dava muy buenos consejos a quien menester lo avía,
home de buena palabra y de buen donaire y guisa,
pagávanse mucho dél, amávanle en demasía
todos los homes del mundo que por caso le veían.
Sobre estas buenas maneras otras dos gracias tenía:
que era gran cavalgador, si en todo el reino le avía,
gran lançador de tablados, ca mucho bien lo fazía;
tenía muy buenas armas obrava cavallería,
tan altamente con ellas, que todos temor le avían;
nunca se falló en batalla que della bien no salía,
en todo fue muy dichoso, sólo tuvo por desdicha
la larga prisión del padre, que della nada sabía.