IGR: 0096. Versión: 31. Rima: é-a. Hemistiquios 68.
El Entrego (parr. Linares, ay. San Martín del Rey Aurelio, p.j. Laviana, Asturias, España)
En las calles de Madrid, junto al campo del Arena,
habitaba un mercader que trata en paños de seda.
Tenía un niño de cuatro años, de cinco lo mandó a la escuela;
el niño, como es chiquitito, todo lo que oye cuenta.
Mi padre, aquí estuvo hombre que de esta tierra non era,
mi madre le daba pan como si marido fuera,
y él me daba muchos cuartos y me mandaba a la escuela.
¿Qué es esto, mujer, qué es esto, qué es esto que el niño cuenta?
Déjate, marido, deja, déjate de la inocencia,
que el niño, como es chiquito, todo lo que oye cuenta.
Pasó tiempo y vino tiempo, marcha el galán pa` la feria,
la ingrata de la mujer de matar al niño ordena;
le hizo dos mil tajadas, la menos como una oreja.
Habla ahora, niño, habla, que ahora te doy licencia.
Tengo de hablarle a mi madre como si vivo estuviera.
Pasó tiempo y vino tiempo, vino el galán de la feria.
¿Dónde está el niño, mujer, que a recibirme no allega?
Fue a Santa María del Mar, a cumplir una promesa.
No sea cuenta, mujer, que el niño se me pierda.
No se te pierde, marido, que el camino bien lo acierta.
Mi mujer, ¿hay qué cenar? Sí, marido, una cabeza
que vino ayer por la tarde estando en espera vuestra.
Toma ese cuchillo de oro, parte pan por esa mesa,
toma un cuchillo de plata, partirás de esa cabeza.
Cuando la estaba partiendo, del cielo una voz se oyera:
No parta, padre, no parta, no parta de esa cabeza,
de sus entrañas salió, no quiera Dios que allá vuelva.
La mujer, que esto oye, en un cuarto se metiera,
llamando dos mil demonios, todos están a la puerta.
La llevan de alto en alto, la llevan de peña en peña,
llegan a Peña Mayor, a la Virgen se encomienda.
¿Qué quieres, traidora villana, qué quieres, traidora perra?
A los santos que llamaste, ellos te darán la pena.
Adiós, alma pecadora, que al infierno se condena.