IGR: 0075. Versión: 120. Rima: á-a. Hemistiquios 62.
Asturias s. l. (Asturias, España)
Un rey tenía tres hijas, tres hijas como la plata,
la más chiquitina de ellas Delgadina se llamaba.
Un día estando en la mesa su padre la remiraba:
¿Qué me mira usted, mi padre, qué me mira pa la cara?
Delgadina, Delgadina, tú has de ser mi enamorada.
No lo quiera Dios del cielo ni la Virgen soberana,
que yo llegue a enamorarme del padre que me engendrara.
Corred, criados, corred y a Delgadina encerradla
en el cuarto más oscuro que en el mundo no lo hallaran,
y no le den de comer más que comida salada,
y aunque se muera de sed, que nadie le diera agua.
Bajó la Virgen del cielo, y le abrió una ventana;
desde allí vio a sus hermanos jugando al juego las damas:
Hermano, por ser mi hermano, apúrreme un jarro de agua.
No te la apurro, Delgadina, no te la doy, mi hermana,
que si el rey padre lo sabe, la vida nos tien jurada.
Bajó la Virgen del cielo y le abrió otra ventana;
l8 desde allí vio a su madre
Mi madre, por ser mi madre, apúrreme un jarro de agua.
No te la apurro, Delgadina, no te la apurro, hija malvada,
que por ti ya van siete años que yo vivo mal casada.
Bajó la Virgen María, y le abrió otra ventana;
desde allí vio a su padre sentado en sillón de plata:
Mi padre, por ser mi padre, apúrreme una jarra de agua.
Te la apurro, Delgadina, si me cumples la palabra.
Sí padre, sí se la cumplo, aunque sea de mala gana.
Corred criados, corred a buscar agua delgada.
Tan deprisa llega el vino, tan deprisa llega el agua,
tan deprisa llega el vino, Delgadina ya espiraba.
A los pies de Delgadina nació una fuente muy clara,
los enfermos que la beben muy aprisa se curaran.
¡Válganos la Virgen pura y la Virgen soberana!