Doña Juana de la Rosa v2

IGR: 0841. Versión: 2. Rima: á-a. Hemistiquios 98.

El Lomo (Icod el Alto) (ay. Los Realejos, ant. Realejo Alto, p.j. La Orotava, isla de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, España)

Dueña Juana de la Rosa,    de haciendas monedadas,
única hija tenía    que su hacienda le heredara.
Murió su padre y su madre,    en poder de un tío estaba.
Aquel tío curró de ella    que de consejos le daba.
No seas vana, sobrina,    sobrina, no seas vana,
no seas vana, sobrina,    aunque tu hermosura es gala,
que las mujeres a veces    también pecan de ignorancia.
Que había muchos galanes    en amores de aquella dama.
La niña se desveló    a painarse a la ventana;
vino por allí un caballero,    que era un gran glindio talpatria.
¿Dónde es este caballero    que en esta ciudad pasiaba?
Soy de la ciudad de Alondre,    caballero, valor y fama,
si te quieres dir conmigo,    yo te llevo en mi compaña.
La saca por la cocina,    por altas cumbres nevadas
y la lleva a descansar    al pie de la verde olaga.
La niña, como molida    y que no lo acostumbraba,
se arrecostaba a dormir    y que allí se la gozaba.
Una vez que la gozó,    `tento se puso a mirarla.
Rosita, tú eres la rosa,    Rosita, tú eres la dama,
pa que tu engaño conozcas    más vale dirme y dejarla.
Se marchó a jugar a un juego    con otros más camaradas.
Vino por allí un pastor    que su ganado guardaba:
¿Qué hace aquí,    la purísima hortelana?
Dios y la buena fortuna    que aquí me dejó aburlada.
Si me emprestas tu caballo,    caballo y silla dorada
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .    y estoy dispuesto a vengarla.
Se amontó en caballo negro    y al par del viento volaba.
Lo encuentra jugando a un juego    con otros más camaradas.
¿Dónde es ese caballero    que en esa ciudad pasiaba?
Es de la ciudad de Alondre,    caballero, valor y fama.
Dirásle que salga pa fuera    que si admite una palabra.
¿Dónde es este caballero    que en esa ciudad pasiaba?
Soy de la ciudad de Alondres,    caballero, valor y fama.
Si te quieres dir conmigo    que en mi tierra te casaras.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .    con la que te diere gana.
Se amonta en caballo negro    que al par del viento volaba
y lo llevó a descansar    y al pie de la vede olaga.
¡Qué triste te estás quedando,    qué suspenso te has quedado!
La prenda que más quería    y aquí la dejé burlada.
Haló por puñal de acero    tenía en veina encarnada
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .    le dio siete puñaladas;
le cortaba la cabeza    y en su pañuelo la ataba.
Ella misma fue a dar parte    al juez Dondre de Granada.
La justicia lo que ordena,    la justicia lo que ordana:
La mujer que mata al hombre    merece ser coronada
y dispués de la corona    merece al cielo llevala.
El tío, de que lo supo,    malo en su cama estaba.
Ahí debajo está un convento    que lo llaman Santa Clara,
si quieres servir de monja    u servirás de criada.
Sus consejos agradezco,    pero no es cosa acertada.

Bibliografía:
Recitada por una mujer (60a). Recogida por María Jesús López de Vergara, 1957. (Colec.: López de Vergara, M. J). Publicada en FERU 1-Canarias 1969, II, p. 220, nº 216. Reeditada en IGR-vulgar 1999, pp. 129-130.