Doña Juana de la Rosa v1

IGR: 0841. Versión: 1. Rima: á-a. Hemistiquios 88.

La Orotava (ay. La Orotava, p.j. La Orotava, isla de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, España)

Doña Juana de la Rosa,    de hacienda monedada,
andan muchos caballeros    en pretensión de esa dama;
ella ninguno quería,    que a todos los despreciaba,
se quiere meter a monja    y su padre la estorbaba,
porque no tenía otra hija    que su hacienda heredara.
Murió su padre y su madre,    quedando sola esa dama,
en poder de un tío de ella,    para que la gobernara.
Vino un caballero a verla,    le cuenta lo que le pasa:
Rosa, que entre todas rosas    me quieres robar el alma;
¿tú te quieres ir conmigo    que tengo hacienda y patria?
y te llevaré a mi tierra    donde tú seas respetada.
Llévame a donde quisieres,    como vaya en tu compaña.
Ensillaron un caballo    y caminó con la dama;
y fueron a descansar    al pie de una verde mata.
A ella le tentó el sueño    y, como iba cansada,
le gozó de su hermosura,    que era lo que él deseaba;
y después que la gozó,    se puso atento a mirarla:
Yo bien sé que eres la rosa,    pero ya estás deshojada.
Quiso sacar el puñal    de su vaina colorada,
para matarla con él    y darle la muerte amarga.
Pa que su engaño conozca    más quiero dirme y dejarla.
Cuando despertó, se halló    sola en aquella montaña;
los gritos de doña Juana    hasta el cielo atormentaba:
Tío de mi corazón,    ¡quién su consejo tomara!,
ahora no estuviera yo    en este mundo arrastrada.
Esto dijo y caminó    por aquella larga cañada;
encontró con un buen hombre,    cazando en el monte estaba:
Dime, rosa de belleza,    dime, hermosa catalana,
¿quién te ha traído a este monte,    que me estás robando el alma?
Aquí me trajo mi suerte    y mi contraria desgracia
y el mundo con su rueda    para que muera arrastrada.
Ahí delante está un mesón    de la religión cristiana,
¿te quieres meter en él    pa que sirvas de criada?
Sus consejos le agradezco,    pero no es cosa acertada,
¿quiere darme, pues, mi ropa,    chuda, calzón y casaca,
un puñal y una saeta,    que es lo que me hace falta?
Se vistió de punta en blanco    desde el pelo hasta la planta.
Adiós te digo, buen hombre,    el señor te dé la paga.
Esto dijo, y caminó    por aquella larga cañada.
Y lo ha venido a encontrar    en un corrillo de damas:
No huigas, traidor, no huigas,    no huigas, traidor, aguarda,
no huigas de una mujer,    que aunque es cobarde, es villana.
Y le cortó la cabeza    la señora doña Juana,
y le cortó la cabeza,    en la mano la llevaba.

Bibliografía:
Recogida por Mercedes Morales, entre 1953 y 1954 (Colec.: Morales, M.). Publicada en FERU 1-Canarias 1969, II, p. 314, nº 326. Reeditada en IGR-vulgar 1999, pp. 127-129.