Doña Juana de la Rosa v3

IGR: 0841. Versión: 3. Rima: á-a. Hemistiquios 78.

Campo de Gibraltar s. l. (comc. Campo de Gibraltar, Cádiz, España)

Despertó del dulce sueño    que sus sentidos ocupaba
y no hallándole decía:    «¿Hay mujer más desgraciada
como me veo yo ahora,    solita en estas montañas?
¡Oh, tío del alma mía!,    si por tu dicha tomara
tus consejos, no me viera    de miseria rodeada.
¡Oh, míseros pajarillos    que alegráis estas mntañas!,
para alcanzar esta leve,    prestadme vuestras alas.»
Esto dijo caminando    por una honda cañada:
«No te has de escapar, villano,    por la flecha que disparas».
Se encontró a un cazador    que por allí pasaba;
le dijo el cazador:    ¿Dónde vas por aquí, hermosa catalana?
¿Quién te ha traido a estos sitios?,    que los tengo a señas malas.
Mi fortuna mala o buena    que quiso con sus mudanzas
derribarme de sus ruedas    para vivir arrastrada.
Si quieres por esta ropa    darme calzón y casaca,
una espada y un sombrero,    que es lo que me hace falta.
La llevó el cazador    desde aquel sitio a su cabaña,
la vistió de punta en blanco    desde el cabello a la planta.
Un Alejandro parece    con sus disfrezas mudanzas.
Al despedirse dijo:    El cielo dará la paga,
amigo de mis finezas,    que yo no puedo pagarla.
Esto dijo caminando    por una honda cañada:
«¡Ay, muerte, cuánto te tardas!»    
Anduvo Andalucía,    también los reinos de Francia;
viendo que no lo encontrara,    
decidió en corto tiempo    de soldado sentar plaza.
Sirvió siete años al rey    y la hicieron capitana,
y en los mayores aprietos    al peligro se arrojaba.
Y en cuando en cuando decía:    «¡Ay, muerte, cuánto te tardas!»
Tuvo palabra un día    con un sargento de cuadra;
por estas cosas y otras    en Bruxelas desembarca.
Volvió en Andalucía y,    viendo que no lo encontraba,
desembarcó en Valencia    y yendo por una calle
con su tipo, con su aire    y un lunar en la garganta,
reconoció al caballero.    
Arrojóle una pistola    con cinco fierros de balas.
Ella echó a correr    y en la iglesia me la amparan.
Mandan llamar al obispo    para que lo presenciara.
Le contó al sacerdote    todo lo que le pasaba
y le dijo el sacerdote:    Tomad ejemplo, mujeres,
y no haced de la historia Sancha.    

Bibliografía:
Recogida por José Serrano Doucet, antes de 1987. (Colec.: Mendoza Díaz-Maroto, F.). Publicada en Ruiz Fernández 1995b, La tradición oral del Campo de Gibraltar, nº II. 10.