Nos han llegado cinco versiones escritas en el siglo XVI, cuatro de ellas impresas y una manuscrita, del romance del conde Arnaldos, y todas ellas son diferentes y se encuentran en: 1) el Cancionero manuscrito de Londres, de c. 1500-1520,  2) el Cancionero de Amberes sin año (c. 1546-1548), 3) la segunda edición del Cancionero de Amberes de 1550, que añade la letra de la canción del marinero, 4) el pliego suelto de Praga  (133v), de Toledo c. 1555-1560 y 5) otro pliego suelto de Perugia, recientemente dado a conocer, fechado en Valencia 1561.

Como veremos a continuación, las diferencias que ofrecen los cinco testimonios conservados, registrados a lo largo de más de medio siglo, no tienen su origen necesariamente, ni mucho menos en todos los casos, en modificaciones surgidas en las imprentas, ni en la transmisión impresa.

Las dos versiones más antiguas del romance de Arnaldos se encuentran en un cancionero manuscrito de comienzos del siglo XVI, conservado en el British Museum (manuscrito f. 29v, ver enlace a la edición del Cancionero de Londres de Rennert LB1 que no lo incluye, pero sí en este artículo de 1877, más sobre Cancioneros), y en un pliego suelto de la primera mitad de dicha centuria. Después se hizo enormemente popular gracias al Cancionero de Amberes sin año, que más tarde se reimprimió con notables variantes en la segunda edición del Cancionero de Amberes hecha en 1550.

El Cancionero de Londres y el pliego suelto se refieren a Arnaldos como infante y no como conde. En el siglo XVI el término infante es una referencia a un mozo de familia noble, según el uso corriente de la antigua epopeya española. En la versión del vihuelista Pisador en 1552, que parece basarse en el texto del Cancionero de Amberes de 1550, también figura como infante Arnaldos en sus primeros versos.

Desde entonces el romance ha pasado de generación en generación entre los judíos sefardíes de Marruecos y ha llegado a nosotros en versiones más completas que las mencionadas. En estas versiones los judíos marroquíes llaman arcaicamente al protagonista ‘el infante Arnaldos’ como las dos versiones más antiguas, y también se manifiestan conformes a las dos versiones más viejas en conservar la canción del marinero.

La versión más divulgada es el texto del romance publicado en el Cancionero de Amberes sin año. La letra del cantar del marinero no aparece en la primitiva versión del romance y por eso el texto que figura a continuación incluye entre paréntesis los versos de la canción, que fueron introducidos en la reedición de 1550 del mismo Cancionero de Amberes:

¡Quién hubiese tal ventura   sobre las aguas de[l] mar,
como hubo el conde Arnaldos   la mañana de San Juan!
Con un falcón en la mano   la caza iba cazar,
vio venir una galera   que a tierra quiere llegar.
Las velas traía de seda,   la exercia de un cendal;
marinero que la manda   diciendo viene un cantar
que la mar facía en calma,   los vientos hace amainar,
los peces que andan ‘nel hondo   arriba los hace andar,
las aves que andan volando   ‘nel mástil las faz posar.
[– Galera, la mi galera   Dios te me guarde de mal
de los peligros del mundo   sobre aguas de la mar
de los llanos de Almería   del estrecho de Gibraltar,
y del golfo de Venecia y   de los bancos de Flandes,
y del golfo de León,   donde suelen peligrar.—]
Allí fabló el conde Arnaldos,   bien oiréis lo que dirá:
– Por Dios te ruego, marinero,   dígasme ora ese cantar.—
Respondióle el marinero,   tal respuesta le fue a dar:
– Yo no digo esta canción   sino a quien conmigo va.

Existe el consenso en la crítica de que en el romance la canción no expresada es muy superior, estéticamente, a la canción dicha, pero que, en cualquier caso, la canción del marinero es lo esencial y distintivo del romance del Infante Arnaldos.

La versión de 1928 de Ramón Menéndez Pidal que aparece en Flor nueva de romances viejos valora la belleza poética de la versión primera que no incluye el cantar y actualiza algunas palabras:

¡Quién hubiera tal ventura   sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos   la mañana de San Juan!
Andando a buscar la caza   para su falcón cebar,
vio venir una galera   que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas,   la ejarcia de oro torzal,
áncoras tiene de plata,   tablas de fino coral.
Marinero que la guía,   diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma,   los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo,   arriba los hace andar;
las aves que van volando,   al mástil vienen posar.
Allí habló el infante Arnaldos,   bien oiréis lo que dirá:
— Por tu vida, el marinero,   digasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero,   tal respuesta le fue a dar:
— Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va.

Para Menéndez Pidal: «El Infante Arnaldos, que todos admiran como la principal obra maestra del Romancero, como arquetipo de baladas, no es otra cosa que una versión fragmentaria; aquí el corte brusco transformó un sencillo romance de aventuras en un romance de fantástico misterio, y esto no fue por casualidad, sino después de varias tentativas de un final trunco, algunas de las cuales se nos conservan en los cancioneros antiguos. El acierto en el corte brusco aparece así como una verdadera creación poética».

La primera versión conocida del romance de Arnaldos es la versión del Cancionero manuscrito de Londres, de c. 1500-1520, que incluye, en la sección de obras atribuidas a Juan Rodríguez del Padrón, un texto que combina el romance de Arnaldos con un amplio pasaje de otro romance muy difundido, el del Conde Niño (IGR: 0049), Conde Olinos, o Amor más poderoso que la muerte:

¡Quién tuviese atal ventura   con sus amores folgare,
como el ynfante Arnaldos   la mañana de San Juane!
Andando a matar la garça   por riberas de la mare,
vido venir un navio   navegando por la mare.
Marinero que dentro viene   diziendo viene este cantare:
— Galea, la mi galea.   Dios te me guarde de male,
de los peligros del mundo,   de las ondas de la mare,
del regolfo de Leone,   del puerto de Gibraltare,
de tres castillos de moros   que conbaten con la mare.
Oydolo ha la princesa en los p[a]laçios do estae:
— Si sallésedes, mi madre,   sallésedes a mirare
y veredes cómo canta   la serena de la mare.
— Que non era la serena,   la serena de la mare,
que non era sino Amaldos,   Amaldos era el ynfante,
que por mí muere de amores,   que se quería finare:
¡quién lo pudiese valere,   que tal pena no pasase!

La primera parte de la versión del Cancionero de Londres debía sugerir en aquella época una obvia interpretación erótica, ya que en el segundo verso se hace explícita la «ventura» del infante, que no fue otra que la de «con sus amores folgare».  Para Menéndez Pidal esta versión «da al romance una continuación embrollada y absurda, tomada de aquel otro romance del Conde Niño (…). El que hizo esta amalgama ni siquiera reparó que en nuestro romance de Arnaldos no es éste el cantor, sino el marinero desconocido. Se ve claramente que el romance de Arnaldos era muy viejo ya en la primera mitad del siglo XVI, y nadie se acordaba bien de su final. La costumbre de cantar sólo el comienzo de los romances, dejándolos incompletos, había traído olvido grande para el de Arnaldos».

Jesús Antonio Cid explica la coincidencia de dos elementos significativos que facilitan la fusión, o confusión, de los dos romances mencionados: 1) en ambos existe un cantar que tiene efectos maravillosos y sobrenaturales y 2) la letra del cantar del Conde Niño quiere conjurar para su caballo peligros análogos o idénticos a los de la galera de Arnaldos (ver artículo). Jesús Antonio Cid también explica el embrollo y el absurdo añadido de que, aunque es la princesa quien primero oye la canción y atribuye el canto a la sirena, es la madre y no la hija quien identifica al cantor como Arnaldos y cree que es ella por quien el infante muere de amores. El artículo de Cid concluye: «El hecho de que la tradición oral moderna permita recuperar evidencias perdidas, u omitidas, en la tradición impresa antigua debiera servirnos como simple caveat ante la tentación de dictaminar que solo scripta manent y de manifestar olímpico desinterés por los antecedentes o la descendencia oral del romancero viejo. La privilegiada documentación, en términos comparativos con la balada europea, que nos proporciona la imprenta del siglo XVI para el romancero español, no significa en modo alguno que los textos quinientistas den razón de todos los romances que existieron en ese siglo y de su espectro de variantes, ni tan sólo en una mínima parte».

En la cuarta versión. conservada en los pliegos sueltos de Praga  (133v), la más breve de las cinco, impresa en el pliego de Toledo, casi la mitad del texto la ocupa la letra de la canción del marinero, que además finaliza el romance: falta la petición de Arnaldos al marinero para que repita su canto y falta, claro está, la respuesta negativa de este; faltan los efectos maravillosos del canto; pero falta, sobre todo, cualquier atisbo de narración propiamente dicha, y el truncamiento no se produce en un momento climático de ninguna especie:

—¡Quién hubiese tal ventura   sobre aguas de la mar
como hubo el infante Arnaldos   la mañana de San Juan!
Andando a buscar la caza   para su halcón cebar,
vio venir una galera   que venía en alta mar;
las áncoras tiene de oro y   las velas de un cendal:
marinero que la guía   va diciendo este cantar:
—Galera, la mi galera,   Dios te me guarde de mal,
de los peligros del mundo,   de fortunas de la mar,
de los golfos de León   y estrecho de Gibraltar,
de las fustas de los moros   que andaban a saltear

Las versiones del Cancionero de Londres de c. 1500-1520, la del pliego suelto de Praga de c. 1555-1560 y la segunda edición del Cancionero de Amberes de 1550, se diferencian de la divulgada en un rasgo capital: todas contienen el texto de la canción del marinero omitida por la versión divulgada, y en esa canción el marinero hace votos por que su galera se vea libre de las tormentas y de los piratas moros que infestaban el Mediterráneo. ¿Por qué recuerda esos peligros? No nos lo revela ninguna de las tres versiones, porque ninguna de ellas está completa.

Refiriéndose a la quinta versión impresa del romance de Arnaldos, dice Jesús Antonio CId: «La singularísima versión que ofrece el pliego de Perugia, Nueve romances (Valencia 1561), es, a mi entender, una sorprendente amalgama de versos tradicionales, que alternativamente se asemejan más a los del pliego de Toledo o los de las versiones del Cancionero de Amberes, y de agregados o retoques cultos. Entre estos últimos, versos como “con tan dulce melodía”, “los peces regocijados”, “los namorados d[e]lfines”, “de la peña de Caribdis”, “y con una gracia extrema”…, delatan la mano de un refundidor bien letrado. Pero la refundición es, sobre todo, estructural. La canción del marinero se desplaza ahora al final, porque, al contrario que en la versión canónica, el marinero accede de buen grado a repetir su cantar. La letra del canto duplica con creces la extensión de las demás versiones, y justifica que el romance lleve en el encabezamiento del pliego el título de Galera, la mi galera, pues la canción y su letra han pasado a ser lo esencial en esta versión.

¡Quién huviesse tal ventura   sobre aguas de la mar
como el infante Arnaldos  la mañana de sant Juan!
Con un falcón en la mano, la caça buscando va.
Vio venir una galera   que a tierra quiere llegar.
El entena traýa de oro  y las velas de un cendal.
Marinero que la rige  viene diziendo un cantar
con tan dulce melodía   que l’ayre haze parar;
los peces, regozijados,  encima del agua van;
los namorados delfines,   de contentos, saltos dan;
las aves que van volando    n’el mástil las haze estar.
El infante, de alegría,   començole de rogar:
— Suplícote, marinero,   me digas esse cantar.—
El marinero, cortés,   luego hizo su mandar,
y con una gracia extrema   se començó d’entonar:
«Galera, la mi galera,   Dios te me guarde de mal;
de los peligros del mundo,   de la tempestuosa mar;
de las fustas y galeras  del cossario catalán;
desse moro Boquinegro   Dios te me quiera guardar;
también de las galeazas   de Venecia esa ciudad;
de la peña de Caribdis,   de las Syrtes y arenal,
y de los bancos de Flandes,   peligrosos de pasar;
de la Punta del Carnero,   y estrecho de Gibraltar,
de la playa de Valencia   que haze mal habitar,
y del golfo de León   y del viento vendaval.»
Cosas dize el marinero   qu’era descanso escuchar;
adormido se ha el infante   al son de aqueste cantar.

Lo más llamativo de la versión del pliego suelto valenciano de 1561 es, indudablemente, el desenlace: el infante Arnaldos sube a bordo de la galera y, al son del cantar, se duerme.

Además de las versiones impresas en el siglo XVI, la tradición oral ha conservado durante siglos este romance hasta nuestros días. Como es característico del romancero español, a diferencia de las baladas europeas, el romance de Arnaldos ha pervivido en la tradición oral de los sefardíes de Marruecos, donde se han recogido varias versiones. Gracias a la tradición sefardí podemos constatar que las versiones quinientistas ofrecen un texto accidental o deliberadamente incompleto y trunco. El romance tiene una continuación que completa el relato más allá de la negativa del marinero a repetir su canción, como puede apreciarse en esta versión de Bénichou recogida en Tánger en 1968:

¡Quién tuviera tal fortuna sobre aguas de la mar
como el infante Fernando mañanita de San Juan,
que ganó siete castillos a vuelta de una cibdad!
Ganara cibdad de Roma, la flor de la quistiandad;
con los contentos del juego saliérase a passear.
Oyó cantar a su halcón, a su halcón oyó cantar:
— Si mi halcón no cenó anoche ni hoy le han dado de almorzar,
si Dios me dexa vivir, y a la mañana llegar,
pechuguita de una gansa yo le daré de almorzar.—
Subiérase a su castillo y acostóse en su rosal;
vido venir un navío sobre aguas de la mar:
las velas trae de oro, las cuerdas de oro torçal,
y el mastil del navío era de un fino nogal.
Marineros que le guían diziendo van un cantar:
— Galera, la mi galera, Dios te me guarde de mal,
de los términos del mundo de aires malos de la mar,
de la punta de Carnero del estrecho de Gibraltar,
de navíos de don Carlos que son fuertes de passar.
— Por tu vida, el marinero, tú volvas esse cantar.
— Quien mi cantar quiere oír a mi galera ha de entrar.—
Al son de los dulces cantos, el conde dormido se ha.
Cuando le vieron dormir, empeçaron a ferrar;
al son de los fuertes fierros, el conde recordado ha.
— ¿Quién es ésse u cuál es ésse que a mí quiere hazer mal?
Hijo soy del rey de Francia, nieto del de Portogal.
— Si hijo sois del rey de Francia, y nieto del de Portogal,
siete años hazían, siete, que por ti ando por la mar.—
Arçó velas el navío y volviéronse a su cibdad.

El artículo de Jesús Antonio Cid antes mencionado, concluye que este desenlace emparenta el romance de Arnaldos con otras baladas europeas (francesas, italianas, vascas, etc.) «de raptos marinos, que es precisamente el efecto del cantar del marinero que se reitera una y otra vez: atraer a la nave a quien lo escucha para a continuación dormirlo y raptarlo. No es verosímil que un impresor de Valencia inventara por su cuenta esos versos finales, independientemente o al margen de toda una tradición de baladas de raptos tan productiva en Europa, y especialmente en el Mediterráneo. Es más sencillo reconocer que, una vez más, la siempre incómoda —para algunos— pero nunca desdeñable oralidad ha interferido y se nos ha colado de rondón, si es que no queremos admitir que la tradición oral ha proporcionado la materia prima básica».

Finalmente, se incluye el texto del romance en inglés, tomado del libro The Spanish Ballad in English (p.222) de Sashta M. Bryant (1973):

«The final ballad to be considered is possibly the best known of any of the traditional Spanish romances. «Conde Amaldos» has not only been popular in Spain, it also has had the distinction of being translated into English more times than any other poem of its type.

At least thirteen authors have attempted it, many of them with great success. Lockhart, John Bowring, and George Borrow were the first, followed by Longfellow and, somewhat later, Gibson. In more recent years there have been translations by James Elroy Flecker, Ida Farnell, W. J. Entwistle, and Nicholson B. Adams. The latest versions are those by George Umphrey, Edwin Honig, John Masefield, and W. S. Merwin. Several of these translations are quite good, and many reveal the typical style and technique of the translator. Gibson’s rendition is:

0 never on the ocean wide   Has such a vision shone,
As Count Arnaldos wondering spied,   One morning of St. John.
O’er hill and dale he tracked the game   With falcon on his hand;
When Io! a noble galley came   Right steering for the land.
Its anchors were of beaten gold,   Its sails of satin strong,
And at the helm a sailor bold,   Who sang a wondrous song.
The sea was hushed into a sleep,   The winds they ceased to blow,
The fishes in the ocean deep   Swam upward from below;
The birds that winged their flight along,   Were charmed as they passed;
They felt the glamour of the song,   And lighted on the mast.
Arnaldos cried: «Thou sailor bold,   0 teach to me that song!»
The sailor’s words were very cold,   Nor was his answer long:
«I cannot teach that song to thee   Unless thou go with me.»

 

 

 

Licencia

Romance del conde Arnaldos Copyright © por Jero2760. Todos los derechos reservados.

Compartir este libro