IGR: 2013. Versión: 1. Rima: á-a. Hemistiquios 66.
España
¡Río Verde, Río Verde! ¡cuánto cuerpo ti se baña
de cristianos y de moros muertos por la dura espada!
Y tus ondas cristalinas de roja sangre se esmaltan,
entre moros y cristianos se trabó muy gran batalla.
Murieron duques y condes, grandes señores de salva,
murió gente de valía de la nobleza de España.
En ti murió don Alonso, que de Aguilar se llamaba;
el valeroso Urdiales con don Alonso acababa.
Por una ladera arriba el buen Sayavedra marcha:
natural es de Sevilla, de la gente más granada;
tras dél iba un renegado; de esta manera le habla:
Date, date Sayavedra, no huigas de la batalla;
yo te conozco muy bien; gran tiempo estuve en tu casa,
y en la plaza de Sevilla bien te vide jugar cañas;
conozco tu padre y madre y a tu mujer doña Clara.
Siete años fui tu cautivo; malamente me tratabas,
y ahora lo serás mío, si Mahoma me ayudara,
y tan bien te trataré como tú a mí me tratabas.
Sayavedra, que lo oyera, al moro volvió la cara.
Tiróle el moro una flecha, pero nunca le acertara;
mas hirióle Sayavedra de una herida muy mala.
Muerto cayó el renegado, sin poder hablar palabra.
Sayavedra fue cercado de mucha mora canalla,
y al cabo quedó allí muerto de una muy mala lanzada.
Don Alonso en este tiempo bravamente peleaba;
el caballo le habían muerto, y lo tiene por muralla;
mas cargan tantos de moros, que mal lo hieren y tratan;
de la sangre que perdia, don Alonso se desmaya:
al fin, al fin, cayó muerto al pie de una peña alta.
Tambien el conde de Ureña, mal herido, se escapaba,
guiábalo un adalid, que sabe bien las entradas.
Muchos salen tras el conde, que le siguen las pisadas:
muerto quedó don Alonso eterna fama ganara.