IGR: 0233. Versión: 170. Rima: é-a. Hemistiquios 66.
Valverde (isla de El Hierro, Santa Cruz de Tenerife, España)
En plazas del rey de España una serrana pasea,
blanca, rubia, generosa, bonita como una perla;
lleva su pelo enrollado debajo de la montera,
para no diferenciarse si era varón, si era hembra.
Ella me `esafió a luchar, me puse a luchar con ella;
quiso Dios y mi fortuna que seis caídas le diera,
a la última caída la serrana me venciera.
Cogiérame por la mano, llevóme para su cueva.
Al bajar un barranquillo, al subir una ladera,
yo que veí muchas cruces, yo que muchas cruces viera;
me atreví y le pregunté qué cruces eran aquellas.
Esas cruces, pastorcillo, vale más que no las sepas;
son de hombres que yo ha matado, y ha enterrado en mi cueva,
y contigo haré lo mismo cuando mi voluntad sea.
Cogiérame por la mano, llevóme para su cueva.
Saque fuego, el pastorcillo, mentras voy a la ribera.
Todavía no lo he encendido, ya la serrana volviera;
de conejos y perdices traía la cintura llena;
la perdiz la cogió al vuelo, y el conejo a la carrera.
Y de toda aquella carne, hizo una rica cazuela;
ella se comió la pulpa, a mí los huesos me diera.
Ella se fue a hacer la cama, yo fui a tenerle la vela,
Y debajo del colchón cien cueros de hombre tuviera.
Me sacó una guitarrilla para que me divirtiera.
Con el remor de la danza la serrana se durmiera.
Cuando yo la vi vencida me eché de la puerta afuera,
con el zapato en la mano, la media en la faldriquera.
Al bajar el barranquillo y al subir de una ladera,
la serrana dando voces, que todo el mundo la oyera:
¡Vuelva, vuelva, el pastorcillo, que una prenda se le queda!
Esa prenda, mi señora, Dios le haga bien con ella;
si en buenas manos estuvo en otras mejores queda,
aunque fuera de oro fino mire que allá no volviera.