La serrana de la Vera v171

IGR: 0233. Versión: 171. Rima: é-a. Hemistiquios 42.

El Hierro (Santa Cruz de Tenerife, España)

En la ciudad de Sevilla    una serrana pasea,
blanca, rubia y generosa,    bonita como una estrella;
lleva su pelo enrollado    debajo de su montera,
y no se diferenciaba    si era varón o era hembra.
Desafióme a luchar,    yo me fui a luchar con ella;
y con gran facilidad    las cien caídas me diera.
`Garróme por un bracito,    llevóme para su cueva.
Y allá en medio del camino    muchas crucitas yo viera.
¿De quién son estas crucitas    que están en esta ribera?
Son de hombres que yo he matado,    los he enterrado en mi cueva.
¡Cállate, mi pastorcito,    que lo mismo te hiciera!
Acabó de decir esto,    metióme para su cueva,
y colgados en el techo    mil cueros de hombre yo viera
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Diome medio anillo de oro    para que yo me venciera.
Allá a la medianoche,    que la `rana se durmiera,
cogí mi palo en la mano,    mi media en la faltriquera,
y del salto que pegué    eché de la puerta afuera.
Al bajar un barranquito    y subir una ladera,
la serrana daba silbos,    que el mundo lo estremeciera:
Ven acá, mi pastorcito,    la mejor prenda te queda.
Si en buenas manos estaban    en otras mejores quedan.

Otros datos:
Nota: -21 estaban, quedan (sic). Según indicación final en el original manuscrito, el colector consideraba el texto "incompleto" en su desenlace. Remitida a R. Menéndez Pidal hacia 1927.

Bibliografía:
Recogido hacia 1927 (Colec.: Sotomayor/Manrique de Lara). Publicada en F.E.R.U. 1 Can. 1969, II, p. 128, nº 517 (34:25). Reeditada en Cardoso da Costa 2000, nº 159 (tesis doctoral).