IGR: 0233. Versión: 171. Rima: é-a. Hemistiquios 42.
El Hierro (Santa Cruz de Tenerife, España)
En la ciudad de Sevilla una serrana pasea,
blanca, rubia y generosa, bonita como una estrella;
lleva su pelo enrollado debajo de su montera,
y no se diferenciaba si era varón o era hembra.
Desafióme a luchar, yo me fui a luchar con ella;
y con gran facilidad las cien caídas me diera.
`Garróme por un bracito, llevóme para su cueva.
Y allá en medio del camino muchas crucitas yo viera.
¿De quién son estas crucitas que están en esta ribera?
Son de hombres que yo he matado, los he enterrado en mi cueva.
¡Cállate, mi pastorcito, que lo mismo te hiciera!
Acabó de decir esto, metióme para su cueva,
y colgados en el techo mil cueros de hombre yo viera
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Diome medio anillo de oro para que yo me venciera.
Allá a la medianoche, que la `rana se durmiera,
cogí mi palo en la mano, mi media en la faltriquera,
y del salto que pegué eché de la puerta afuera.
Al bajar un barranquito y subir una ladera,
la serrana daba silbos, que el mundo lo estremeciera:
Ven acá, mi pastorcito, la mejor prenda te queda.
Si en buenas manos estaban en otras mejores quedan.