IGR: 0233. Versión: 163. Rima: é-a. Hemistiquios 60.
Los Aceviños (ay. Hermigua, p.j. San Sebastián de La Gomera, isla de La Gomera, Santa Cruz de Tenerife, España)
Estándose un pastorcillo una vez en Sierra Morena,
vido venir la serrana saltando de piedra en piedra,
que no se diferenciaba si era varón o era hembra,
traiba su pelo peinado debajo de una montera.
Desafióme pa`luchar, desafióme y desafiéla;
me echaba la zancafana, yo le eché la zancapierna,
ni ella me vencía a mí ni yo la vencía a ella,
cuando al medio de la lucha la serrana me venciera;
me agarrara por la mano, y me lleva pa` su cueva.
Cuando al medio de la cueva vi aquí estas cruces puestas.
Atrevíme y preguntéle: serrana, ¿qué cruz son estas?
Esas cruces, pastorcillo, más vale que no las sepas,
que son hombres que ha matado y los ha enterrado en mi cueva,
y asín haré contigo cuando mi voluntad sea.
Me mandó a hacer el fuego sin un cabaco de leña:
Prende el fuego, pastorcillo, mientras yo voy a ribera.
De palomas y perdices traiba la cintura llena;
de palomas y perdices aderezaron la cena;
Ella se come la pulpa a mí me da la madera;
ella se d`iba a acostar, me mandó acostar con ella.
Cuando la hallé vencida de un brinco caí aquí fuera,
con mi zapato en la mano, la media en la faldiquera.
Al bajar un barranquillo, al subir por la ladera,
me di un grande trompezón, la serrana me sintiera.
Los gritos de la serrana querían tumbar la cueva.
Vuélvase acá, pastorcillo, que se le quedó una prenda.
Esa prenda, mi señora, Dios la haga bien con ella,
que aunque la prenda sea de oro mis pieses allá no vuelvan.
Agradezca el pastorcillo a sus graves delegencias,
que si no hubiera dado un entre la oreja.