IGR: 0164. Versión: 1. Rima: í-a. Hemistiquios 50.
España
A cazar va el caballero, a cazar como solía;
los perros lleva cansados el falcón perdido había,
arrimárase a un roble, alto es a maravilla.
En una rama más alta, viera a estar una infantina;
cabellos de su cabeza todo el roble cobrían.
No te espantes, caballero, ni tengas tamaña grima.
Fija soy yo del buen rey y de la reina de Castilla;
siete fadas me fadaron en brazos de una ama mía,
que andase los siete años sola en esta montiña.
Hoy se cumplian los siete años, o mañana en aquel día;
por Dios te ruego, caballero, llévesme en tu compañia,
si quisieres por mujer, si no, sea por amiga.
Esperéisme vos, señora, fasta mañana, aquel día.
Iré yo tornar consejo de una madre que tenía.
La niña le respondiera y estas palabras decía:
¡Oh mal haya el caballero que sola deja la niña!
Él se va a tomar consejo, y ella queda en la montiña.
Aconsejóle su madre que la tomase por amiga.
Cuando volvió el caballero no la hallara en la montiña:
vidola que la llevaban con muy gran caballería.
El caballero desque la vido, en el suelo se caía;
desque en sí hubo tornado estas palabras decía:
Caballero que tal pierde, muy gran pena merecía;
yo mesmo seré el alcalde, yo me seré la justicia:
que le corten pies y manos y lo arrastren por la villa.
Variantes: -17b Con este verso concluye el romance en el Canc. de rom. s. a. ; -25a En todas las ediciones del Canc. de rom. este verso está impreso así: no hallara la montina. Hemos, pues, suplido lo necesario para reintegrar la frase; -25b me arrastren. En las ed. posteriores del Canc. de rom.