IGR: 0110. Versión: 365. Rima: á. Hemistiquios 54.
Pío (ay. Oseja de Sajambre, p.j. Cistierna, ant. Riaño, comc. Sajambre, León, España)
Cuando empezó la guerra entre España y Portugal,
nombraron al conde Flores de capitán general.
La princesa, como es niña, no cesaba de llorar:
¿Para cuántos años conde, para cuántos años vas?
Para siete mi princesa para siete nada más;
si a los siete no he venido, con otro te puedes casar.
Pasan siete y pasan ocho y el conde no vuelve más
y un día estando comiendo su padre le contestó:
¿Cómo no te casas, hija, cómo no te casas ya?
No me caso, no me caso, que el conde viviendo está.
Écheme la bendición, que al conde yo ir a buscar.
La bendición ya la tienes, del señor lo principal.
Se vistió de pelegrina y en busca del conde va,
recorriendo medio mundo sin poderlo encontrar:
¿De quién son estos caballos que los llevan a ensillar?
Son del conde Mira Flores que está pronto de casar.
Toma este galón de oro, si me dices donde está.
Y a las puertas del palacio vaya usté y lo encontrará.
Una limosnita, conde, que Dios se la pagará,
que vengo de las Sindalias y no tengo qué cenar.
Si vienes de las Sindalias, mi princesa, ¿cómo está?
Tu princesa está muy triste y no cesa de llorar.
En qué la conocerías y en qué la conocerás?
En su rostro puro y bello y en su físico lunar.
Y el rostro ya se me ha sido, pero el lunar aquí está.
Tú eres mi primer mujer, contigo me he de casar;
tú eres mi primer mujer, contigo me casaré.