Infanta parida v22

IGR: 0138. Versión: 22. Rima: á-a. Hemistiquios 38.

Ribadesella (ay. Ribadesella, p.j. Cangas de Onís, Asturias, España)

Hay una yerba en el huerto    muy viciosa y regalada,
Eugenita la pisó    por su desdicha malvada.
Estando un día a la mesa    su padre la reparara:
¿Tú qué tienes, Eugenita,    tú qué tienes, perla humana?
Llamáranse los doctores,    los mejorcitos de España;
unos la toman el pulso,    otros la miran la cara,
todos dicen a una voz:    Eugenia está embarazada.
No digan eso, doctores,    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Encerrárase en su cuarto    donde cosía y bordaba;
dolor tras de dolor,    puntada tras de puntada,
entre las once y las doce,    un niño varón lloraba.
Mandaron a Alférez    que la llevase a buen ama,
que tenga los [pechos] blancos    y la leche muy delgada.
Al bajar las escaleras    con su padre se topara.
¿Qué llevas ahí, Alférez,    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Eugenita que lo oyó,    se levanta de la cama.
No te levantes, Eugenia,    no te levantes, malvada,
mujer de una hora parida    no puede estar levantada.
Di la confesión, Eugenia,    di la confesión, malvada.
Y al decir: «Señor, pequé»,    la cabeza la cortara.

Otros datos:
Notas: Se sobreentiende que los pasajes omitidos coincidían con la versión anterior. Remitida a J. Menéndez Pidal como variantes de la versión de Constanza Otero; original ms. de letra de S. Frade

Bibliografía:
Recitada por Gregoria Caldevilla. Recogida por Silvestre Frade, 1884. (Archivo: AMP; Colec.: S. Frade (M. Goyri-R. Menéndez Pidal)). Publicada en Romancero asturiano, tomo II (en prensa) y Petersen-Web 2006, Texto.