IGR: 0159. Versión: 41. Rima: á. Hemistiquios 114.
Posada de Rengos (ay. Cangas de Narcea, p.j. Cangas de Narcea, ant. Cangas de Tineo, Asturias, España)
Galancina, Galancina, la hija del rey Galán,
¡quién te trajiera tres noches a mi gusto y a mi mandar!
Eso no lo digas, Carlos, eso no lo digas tal.
Al cabo de las tres noches Carlos se solía alabar.
Ya durmí con una niña hermosa como cristal.
La gente murmuradora a su padre lo fue a contar.
Unos dicen: ¿quién sería?; otros dicen: ¿quién será?
¿Si será la Galancina, la hija del rey Galán?
Sus padres que lo supieron, la trataron de quemar;
las muchachas de su tiempo la yiban a visitar.
¡Quién me llevara una carta a Carlos de Monte Alvar!
Por ahí vien` un vejecillo, por las orillas del mar.
¿Qué me quieres, Galancina, la hija del rey Galán?
Que me lleves una carta a Carlos de Monte Alvar.
Cuesta arriba, calle abajo currió como gavilán.
Llegó junto a los palacios de Carlos de Monte Alvar;
don Carlos no está en casa, su madre sola está.
¿Qué trai usted, vejecillo, qué trai de novedad?
Don Carlos no está en casa, lo mandaré a llamar;
tocaré la campanilla como si fuera a almorzar.
Don Carlos estaba en paseo con otros compañeros más.
Quédense con Dios, siñores, los que en el paseo están,
que tocan la campanilla y no es hora de almorzar.
¿Qué trae usted, vejecillo, por las orillas del mar?
Lo que traigo, don Carlos, no muy bien le ha de sonar;
la su esposa Galancina hoy se la van a quemar.
Si la queman que la quemen, para mí no ha de faltar;
el palacio de mis padres bien de dinero val,
mujer en toda Castilla para mí no ha de faltar.
¿Todo lo cuentas de mintira, o lo cuentas de verdad?
Si lo cuentas de mintira nos pondremos a almorzar,
si lo cuentas de verdad me pondré a caminar.
Tome usted esta carta, que de ella se ha de enterar.
Al momento que la abrió ya comenzó a llorar:
¡Ay mi caballito rojo!, hoy tienes que caminar
siete leguas en hora y media lo menos tienes que andar;
la cebada de tres días hoy te la tengo de dar,
cuatro firraduras nuevas hoy las tienes que gastar.
Llegó junto a la fuguera donde la yiban quemar.
Buenas tardes, los siñores, los que en la fuguera están,
¿Pa qué meten tanta leña siendo en el mes de San Juan?
Para quemar una niña, . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
ha siete años que confiesa y no confiesa verdad.
Traigan para acá esa niña, yo la tengo de confesar.
La cogiera de la mano y a la iglesia arriba va.
¿Durmisti con dalgún hombre de mintira o de verdad?
Tres noches durmí con uno, don Carlos de Monte Alvar,
las dos fueron de mi gusto y la otra de pesar.
Agora de penitencia un besito me has de dar.
En los ojos me pareces, en la barba mucho más.
La cogió entre sus brazos y la puso `n el rugán.
Quédense con Dios, siñores, los que en la fuguera están.
Esa fuguera que tienen, en ella metan un can
y los güesos que de él queden que los den al rey Galán.
¡Hola, el mi xienru, hola!, buen dote te tengo de dar.
Yo no le quiero su dote, nin tampoco su jugal,
que el galán que la lleva dote tiene que la dar.
Notas del colector: -12a vien`, `viene`; -38a firraduras, `herraduras`; -39a fuguera, `hoguera`; -46 «el iba vestido de cardenal», según me explicó en acotación; -51b rugán, por cast. `ruán`; -56b jugal, por cast. `ajuar`, cf. Anteckningar , p. 36.