IGR: 0159. Versión: 19. Rima: á. Hemistiquios 96.
Felechares de la Valdería (ay. Castrocalbón, p.j. La Bañeza, comc. Valdería, León, España)
Paseándose anda don Carlos por el su palacio real;
todas damas y doncellas se salían a mirar,
también salió Blancaiflor, tapada con su floreal.
Y don Carlos que la vio con ella se fuera a hablar;
entre unas palabras y otras la llevó pal pie un rosal.
Don Carlos tendió la capa y Blancaflor tendió su floreal.
Pasara por allí un hombre, que no debía pasar.
Yo todo lo que haiga visto al rey cuenta le he de dar.
Quite usté, el buen rey, la corona, bien la puede usted quitar,
que una de las sus tres hijas encinta la tiene ya.
S` otro día de mañana las mandaran ajuntar.
¿Cuál de las tres mis hijas cuál es la que encinta está?
Miraban unas a otras y ninguna quiso hablar;
saltara la más pequeña, la que debía callar:
Es mi hermana Blancaiflor, porque ella muy triste está.
Acostadvos, mis criados, y mañana madrugar,
para ir por leña al monte para Blancaiflor quemar.
¡Si viniera un pajarcito, de esos que suelen hablar
que le llevara unas letras a don Carlos de Montealbar!
Aún la palabra no es dicha, ya el pajarcillo allí está.
Escribe, Balncaiflor, escribe, que yo se la iré a llevar.
El pájaro que allí llega, don Carlos de misa sal.
Tenga don Carlos la nueva que Blancaiflor le manda.
(La cogió y la abrió y supo que había en ella)
Fuera para casa don Carlos y con su madre empezó a hablar:
Usted, como madre vieja, un consejo me ha de dar,
que a mi esposa Blacaiflor hoy la sacan a quemar.
Si la quieres por esposa, no la dejarás quemar;
quítate el traje de conde y vístete de zurdián,
coge el caballo de rienda y empieza a caminar.
Caballo, mío caballo, hoy mucho tienes que andar.
Si tú me das la cebada y me aprietas el pedernal,
jornada de quince días en hora y media la he de andar.
Le puso la rienda al caballo y empezó a caminar.
Don Carlos que allí llega, ya la sacan a quemar.
Deténgase la justicia, deténganse todos,
que esa niña que va ahí aún va por confesar.
Confesada ya voy, padre, me falta reconciliar.
La agarró por un brazo y la puso junto al altar.
Jura ahí tú, perra traidora, lo que tengas de jurar,
si has dormido con alguno o tienen algún pesar.
No he dormido con ninguno ni tengo ningún pesar;
sólo he estado una tarde con don Carlos Montealbar.
Dame un besito, la niña, y te libraré de quemar.
Alza los ojos, la niña, y verás con quien estás.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Si la llevas por esposa, bájala, que la tengo dotar;
si la llevas por esclava, déjala, que la hemos ` quemar.
La llevo por esposa y por esposa leal,
padres que quemáis las hijas, ¿qué dote le queréis dar?