IGR: 1581. Versión: 1. Rima: á-o. Hemistiquios 76.
España
Con tres mil y más leoneses dexa la ciudad Bernardo,
que de la perdida Iberia fue milagroso restauro:
aquella cuya muralla guarda y dilata en dos campos
el nombre y altas Vitorias de aquel famoso Pelayo.
Los labradores arrojan de las manos los arados,
las hozes, los agadones; los pastores, los cayados;
los jóvenes se alborotan, aliéntanse los ancianos,
los inútiles se animan, fíngense fuertes los flacos,
todos a Bernardo acuden, libertad apellidando,
que el infame yugo temen con que los amaga el galo.
Libres, gritavan, nacimos, y a nuestro rey soberano
pagamos lo que devemos por el divino mandato.
No permita Dios, ni ordene que a los decretos de estraños
obliguemos nuestros hijos, gloria de nuestros passados:
no están tan flacos los pechos, ni tan sin vigor los braços,
ni tan sin sangre las venas, que consientan tal agravio.
¿El francés ha por ventura esta tierra conquistado?
¿Vitoria sin sangre quiere? No, mientras tengamos manos.
Podrá dezir de lenonesses, que murieron peleando;
pero no que se rindieron, que son al fin castellanos.
Si a la potencia romana catorze años conquistaron
los valientes numantinos con tan sangrientos estragos,
¿por qué un reino, y de leones, que en sangre libia bañaron
sus encarnizadas uñas, escucha medios tan baxos?
Déles el rey sus averes, mas no les dé sus vassallos;
que en someter voluntades no tienen los reyes mando.
Con esto Bernardo ordena sus escuadrones bizarros,
a quien desde una ventana mira don Alfonso el Casto.
Como a su sangre le mira, que le es como sangre grato.
Su gallarda compostura y valor considerando,
crece por puntos la gente, de que formó un grueso campo;
despuéblase la ciudad, y los pueblos comarcanos.
Marcha a la ciudad augusta, cuyos muros baña ufano
el caudal famoso de Ebro del mundo tan celebrado,
do el hijo del Zebedeo fundó el edificio raro
que ciñe el Santo Pilar, estribo de nuestro amparo.
Allí Bravonel le aguarda con el sarraceno vando,
que al rey Marsilio obedece, contra el francés declarado.