IGR: 0529. Versión: 3. Rima: á-a. Hemistiquios 83.
Campo de Ebro (ay. Valderredible, p.j. Reinosa, Santander, España)
En la ciudad de Madrid, que es ciudad muy encumbrada
residía una viudita de caudal muy apoderada,
y de criada la sirve una morena agraciada.
El hijo de la viudita de amores no la dejaba;
la morenita graciosa, no se lo dice a su ama.
Estando un día comiendo le dice de estas palabras:
Quédese con Dios, señora, que me voy para mi casa.
¿Quién te agravia, morenita, morenita, quién te agravia?
si te hacen mal mis criadas yo pondré vergüenza en casa.
No me agravian sus criadas, es mi señor quien me agravia.
Dadle el sí por esta noche aunque empeñe mi palabra;
tú te vas pa la mi celda, yo me iré pa la tu cama.
Otro día la viudita se levantó de mañana,
otro día la viudita a reñir a la criada.
Ven aquí, perra traidora, ven aquí, perra malvada,
que no haces más que poner a mi hijo en mala fama.
Estando en estas razones el hijo que allí llegaba.
¿Qué es eso que dice, madre, qué es eso que usted habla?
Ya te he dicho, hijo mío, que a las criadas de casa
ni me las toques el pelo ni me las mires la cara.
El hijo que esto había oído, para Francia se marchara.
Estuvo allí quince años, quince años de importancia,
y con eso la viudita pa desembarcar quedaba.
A eso de los nueve meses parió una niña bizarra,
tan hermosa era la niña, tan bizarra y tan galana,
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . que el cielo la codiciaba,
y si el cielo la codicia, hermosa será la dama.
Pasados los quince años volvió el hijo para casa.
¿Quién es esa mujer, madre, tan hermosa y tan galana?
Si ella me quisiera, madre, yo con ella me casara.
Tú no puedes, hijo mío, que es pobre y no tiene nada.
A disgusto de parientes con ella se colocaba,
y con eso la viudita cayó muy mala en la cama.
Les pidió tinta y papel para escribir una carta.
Esta carta no se ha abrir hasta que mi entierro se haga.
Lo que la carta decía eran dos breves palabras,
¡mi Dios! qué podría ser, ser hija, mujer y hermana.
El hijo que esto ha oído, para Roma caminaba.
Aquí vengo, Padre Santo, que he pecado de ignorancia,
que esta mujer que aquí traigo es hija, mujer y hermana.
Esta penitencia os echo y que os cuidéis guardarla:
métete fraile francisco y ella monja en Santa Clara.