IGR: 0529. Versión: 2. Rima: á-a. Hemistiquios 78.
Puente Pumar (ay. Polaciones, p.j. San Vicente de la Barquera, ant. Cabuérniga, Santander, España)
En la ciudad de Madrid, junto a los caños del agua,
allí vivía una viuda de gran honor y gran fama.
Esta tal tenía un hijo que don Pedro se llamaba;
de allí de tiempos antiguos tiene una humilde criada.
Señora, con su licencia, yo me voy para mi casa.
Pues dime tú, hija mía, dime quién te ofende en casa;
si te ofenden mis criados yo pondré enmienda en mi casa.
No me ofenden sus criados, no les ponga mala fama,
que me ofende un hijo suyo que don Pedro se llamaba.
Quédate por esta noche y fía de mi palabra;
tú te irás para el mi lecho, yo me iré pa la tu cama.
El hijo se fue tras ella pensando que era la criada;
aquella noche los dos, que al punto quedó preñada.
Otro día a la mañana con cuidado se levanta;
luego principió a reñir con criados y criadas.
La agarró por los cabellos y la arrastró por la sala.
¿Qué tién con la zagala, madre, madre, qué tién con la zagala?
Y tú, pícara gallina, déjame luego la casa.
Esto que oyó don Pedro, a las Indias se marchaba;
estuvo allá catorce años sin escribir una carta,
mas al cabo de los quince don Pedro volvió a su casa.
Al subir de la escalera se encontró con la zagala.
¿Cuya es la zagala, madre, madre, cuya es la zagala?
Es una huérfana, hijo, que la tengo criada en casa.
Madre, si usted me dejase, yo con ella me casara.
Si te dejan los parientes yo también de buena gana.
A pesar de los parientes se casó con la zagala.
Otorgáronse las bodas que para ella fueron malas.
Al cabo de pocos días cayó muy mala en la cama,
pidiendo papel y pluma para escribir una carta,
y después que la escribió a su hijo don Pedro llama.
Toma esta carta, don Pedro, Pedro, toma esta carta,
mira que no la has de abrir hasta que yo esté enterrada.
Y después que la enterró, don Pedro ha abierto la carta.
Esa mujer que tú tienes, es hija, madre y hermana;
el ser tu querida esposa es la más suma desgracia.
Lo que te encargo, don Pedro, es que por mí no hagas nada,
que en el infierno mayor que yo ya estoy enterrada.
Él se metió religioso, ella monja en Santa Clara.