IGR: 0501. Versión: 6. Rima: á-a. Hemistiquios 64.
Marruecos s. l. (Marruecos)
Sépase por todo el mundo, se publique ha ya en España,
de un mercader muy rico, mercader de grande fama,
a él le llaman Don Pedro y a su mujer Doñalda.
Los dos tienen una hija que de quince años non pasa;
descreta dende chiquita, hermosa y de buena gracia.
El vestido que se pone, nos diré si falta nada:
una camisita blanca de aquella fina Holanda;
un jubón de porta flor rodeado en esmeraldas,
una saya de tela de oro, toda ella agaloneada,
un tocado a la francesa, que bien la señoreaba,
un sombrero de tres plumas, una blanca y dos moradas.
En su mano catorce anios que grande lustre la daba;
un coche con cuatro mulas que la carreta llevaba.
La niña llegó a la misa, toda la gente se pasma.
La niña, como endiscreta, descubrió su mano blanca.
En ella catorce anillos, que grande lustre la daba.
Hija, ¿de quién sois, la niña?, hija, ¿de quién sois, la dama?
Hija soy del conde Vélez, que de Córdoba le llaman.
Ya la tratan de casar, de la tarde a la mañana
con un rico cordobés que de Córdoba le llaman,
que es capitán da caballo, muy atrevido a las armas.
Tomara tinta y papel, al punto escribió una carta.
«Sepáis don Fernando y amigo, sabrís, querido en el alma,
que aquí me quieren casar de la tarde a la mañana.
Si es que mi quieres gozar, ven enantes que me vaya».
El mozo tomó el billete, maginando en cosas vanas.
Tira pasos y añade pasos, hasta que llegó a su casa.
Hallada la mesa puesta, toda la gente sentada.
Vieron entrar a cenar muchos galanes y damas.
Al lado del desposado está la novia sentada.
Ya se devolcan las mesas y se tiran por las ventanas.
El novio llevó a la novia y la gente la noche mala.