Capitán burlado v5

IGR: 0501. Versión: 5. Rima: á-a. Hemistiquios 78.

Campo de Ebro (ay. Valderredible, p.j. Reinosa, Santander, España)

Escuchen mis caballeros    que voy a cantar de gala
una cosa muy curiosa    que ha sucedido en España.
Un caballero muy rico    que don Pedro se llamaba,
este tal tiene una hija    que doña Antonia se llama;
ella viste ropa limpia    y de cuanto deseaba,
un jubón de Peñafiel    y una camisa de Holanda,
y un mantellín de soplillos    con los encajes de a vara.
Iba un día en coche a misa    por ser fiesta señalada;
en su compañía lleva    el cochero y dos criadas.
A la salida de misa    vio pasar un batallón,
un batallón de soldados    que más de trescientos pasan;
quitan todos el sombrero    y hablan a la hermosa dama;
ella también les habló    muy humilde y cortesana.
Descuidadamente la niña    sacó la su mano blanca,
en ella hay cuatro anillos:    uno de oro, otros de plata.
Ya pregunta el capitán    cuya es la famosa dama.
De un caballero muy rico    que don Pedro se llamaba.
Envía llamar a un criado    que se vaya para casa,
que barran una cocina    y preparen una sala,
y maten gordas gallinas,    gordos capones, y pavas,
para el capitán Girón    que se va a alojar en casa.
Allá al medio del comer    ya preguntó por la dama.
¿Dónde está tu hija, don Pedro,    que la quiero ver la cara.
La mi hija, capitán,    allá en casa de una hermana;
allá come y allá duerme    y allá tiene la posada.
Mándala a llamar, don Pedro,    que la quiero ver la cara.
Don Pedro que ha oído esto    le tintaba la barba.
Cómo lo haremos, mi hija,    estando el traidor en casa.
No se le dé nada, padre,    padre, no se le dé nada;
yo buscaría una moza,    una moza de soldada;
la daré los mis vestidos,    todas mis joyas y galas;
yo me pondré otro vestido    y me entiznaré la cara,
y me marcharé a pasear    a las puertas de la sala,
roeré los huesecitos    y las conchas de naranja.
Ya camina el capitán    con la moza de soldada;
han andado siete leguas,    todavía no se hablaban,
más al cabo de las ocho    la dijo de estas palabras:
Ayer me paicias rosa    hoy no pareces nada;
la agarró por los cabellos    y por el suelo la arrastra.

Bibliografía:
Recogida por José María de Cossío y Tomás Maza Solano, entre 1933 y 1934 Publicada en Cossío 1933-1934, II. LXVIII (nº 277), pp. 24-26.