IGR: 0234. Versión: 66. Rima: ó. Hemistiquios 60.
Rocha (Rocha, Uruguay)
Estando Catalinita sentadita en su balcón,
pasa su novio y le dice: Ven, que quiero hablar con vos.
Sube, sube caballero, sube, sube sin temor,
que mi marido está ausente por los montes de Aragón.
Para más seguridad le echaré una maldición,
que los perros de los moros le coman el corazón.
Al decir estas palabras se entreabrieron las dos puertas;
era su marido ausente que volvía de Aragón.
¿Qué tenés, Catalinita, que has cambiado de color?
Se me han perdido las llaves de mi amante bastidor.
Si tus llaves son de plata, de oro las compro yo.
Tu tenés tu amante dentro y a mí me tenés temor.
Yo no tengo mi amante dentro ni a ti te tengo temor;
se me han perdido las llaves de mi amante tocador.
¿De quién es aquel sombrero que en la puerta veo yo?
Es tuyo, marido mío, que tu hermano lo dejó.
¿De quién es aquel caballo que en el pesebre veo yo?
Es tuyo, marido mío, que tu hermano lo mandó.
¿De quién es aquella sombra que en la parra veo yo?
Es el gato de la vecina que está cazando un ratón.
Siete años de casados y dos más de labrador,
en mi vida he visto un gato con levita y pantalón.
¿De quién son aquellos ojos que en la cama veo yo?
Son del nene` de la vecina que en mis brazos se durmió.
Tomaremos el candelero y lo iremos a ver los dos;
me parece que este nene tiene más barba que yo.
Siete años de casados y te eché una maldición;
mátame, marido mío, mátame sin compasión.
A la primer puñalada Catalina suspiró,
la segunda puñalada Catalinita murió.
Se trata de uno de varios romances mecanografiados, enviados por Marina López Blanquet a Menéndez Pidal en 1948.