IGR: 0234. Versión: 65. Rima: ó. Hemistiquios 54.
San Miguel de Tucumán (Tucumán, Argentina)
Un jueves era por cierto, víspera de la Ascensión,
vide tu casa enramada con ramas de admiración.
¡Ay, qué niña tan hermosa!, se parece al mismo sol.
¡Quién durmiera con ti, niña, esta noche y otras dos!
Duerma, duerma, mi buen Carlos, esta noche y otras dos,
que mi marido está ausente por los campos de León.
No acabó bien la palabra, don Alberto que llegó.
Corre una criada, y dice que le han usado traición.
¿Qué es eso, doña Felisa, que me habla con turbación?
Nada, mi señor marido, la llave se me perdió.
Si la tuya fue de plata, de oro te la traigo yo.
¿Cuyas son aquellas armas que relumbran contra el sol?
Tuyas son, señor marido, que a dorarlas mandé yo.
¿Cuyas son aquellas bestias que dan vuelta al corralón?
Tuyas son, señor marido, mi padre te las mandó.
¿Cuyos son aquellos pasos que van para el mostrador?
Mátame, señor marido, que te había usado traición.
No acabó bien la palabra, y el corazón le partió.
Hizo picar su caballo dos pasos al corralón;
a poco andar don Alberto, con el mancebo encontró.
De puñaladas se daban que causaban compasión.
Como los dos eran guapos, mucho el combate duró.
¡Ay, qué guerra tan sangrienta, que daba temor a Dios!
Carlos murió a media tarde, Alberto al entrarse el sol,
y mi señora Felisa, al golpe de la oración.
Al otro día de mañana ya doblaron las campanas,
para hacer un triste entierro de tres queridos del alma.