IGR: 0233. Versión: 24. Rima: é-a. Hemistiquios 56.
La Acebeda (ay. La Acebeda, p.j. Colmenar Viejo, ant. Torrelaguna, Madrid, España)
Por el alto de la sierra iba una serrana bella
con su pelo bien trenzado debajo de su montera.
Cuando tiene gana de hombre se pasea por la sierra,
pero cuando no la tiene se está quietita en su cueva.
Vio venir un cazador sin caminos y sin sendas:
¡Venga, venga el cazador!, venga usted para mi cueva;
será usted bien recibido y tendrá usted rica cena.
De pelliquitas de liebre tendrá usted la cabecera.
Echó piedra en pedernal para que la lumbre ardiera;
y de que la lumbre ardió la serrana a cazar fuera.
De perdices y conejos traiba la mochila llena;
las perdices para él, los conejos para ella;
las perdices para él, porque él el perdido era.
Estando cenando juntos me atrevíla y pregúntela:
¿De quién son las tantas cruces, y esas tantas calaveras?
De hombres son que yo he matado aquí dentro de esta cueva,
lo que tengo hacer contigo de que mi voluntad sea.
Tragos vienen, tragos van, la serrana en borrachera.
Con el calor de la lumbre ella dormida se queda.
Las puertas no eran de golpe, pa que abrirlas no sintiera.
Ya despierta la serrana, sin el cazador se encuentra.
Corría como una corza, relincha como una yegua,
andaba de mata en mata que parecía una cierva.
La pedrada que ha tirado la ha alenjado legua y media;
en el árbo que pegó le abrió como una centella.
Las quimas que de él quitó le quitaron la montera.
La montera es de buen paño, pero aunque de plata fuera,
mis padres tiene dinero para comprarme otra nueva.