IGR: 0233. Versión: 25. Rima: é-a. Hemistiquios 68.
La Cruz Santa (ay. Los Realejos, ant. Realejo Alto, p.j. La Orotava, isla de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, España)
En tierras del rey de España una serrana pasea,
blanca rubia y encarnada, bonita, que no era fea;
tráiba su pelo enrollado debajo de su montera,
tráiba su escopeta al hombro y su llave de francesa,
tráiba una honda ceñida con que tiraba una piedra,
donde no se diferenciaba si era varón, si era hembra.
Me desafía a luchar, me salgo a luchar con ella;
me echaba la zancadilla, le volví media cadera.
Ella me pegó tres caídas, yo le pegué cáida y media;
acabante de la lucha, para su cueva me lleva.
Cuando al medio del camino vide muchas cruces nuevas;
atrevime y pregúntele qué cruces eran aquellas.
Esas cruces, pastorcito, más vale que no las sepas,
son hombres que yo he matado, los he enterrado en mi cueva,
y a ti te haré lo mismo cuando mi voluntad sea.
Priende el fuego, pastorcito, mientras voy a la ribera.
Aún el fuego no es prendido, ya la serrana viniera,
de conejos y perdices tráiba la cintura llena;
la perdiz la cogió al vuelo y el conejo a la carrera.
De conejos y perdices hizo una rica cazuela.
Ella se come la carne y a mí los huesos me deja;
ella se come el buen pan y a mí el cascarón me deja;
ella se bebe el buen vino y a mí el vinagre me deja.
Acabante de comer, vihuela de oro me entrega;
como la sabía tocar, me puse a templar las cuerdas,
la prima con la segunda, y el bordón con todas ellas.
Con el son de mi vihuela la serrana se durmiera.
De que la apañé dormida, de un brinco pasé la cueva,
con el zapato en las manos, la media en la faldiquera.
Al bajar de un barranquillo y salir de una ladera,
las voces de la serrana, que temblaban mar y tierra:
¡Vuelve pa atrás, pastorcito, que se te quedó una prenda!
Esa prenda, mi señora, Dios la haga bien con ella,
que yo más quiero mi vida que cuatro camisas nuevas.