IGR: 0192. Versión: 13. Rima: é-a. Hemistiquios 96.
Posada de Valdeón (ay. Posada de Valdeón, p.j. Cistierna, ant. Riaño, comc. Riaño-La Reina, León, España)
Por los campos de Truquillo vi venir una romera,
romerita como ésta no la he visto en mucha tierra:
trae el cabello tendido que a la cintura la llega,
los anillos de sus dedos relumbran de media legua,
el rosario de sus manos tres carreras de oro lleva,
zapato de oro picado, calceta de fina seda,
y una toca de teriana ¡mi Dios, qué hermosa ella era!,
encima de todo esto traía una capa aguadera,
que por más agua que caiga no le cala una gotera,
también le carea el sol y los aires de la peña.
La vio el rey de sus vasallos y se bajó a hablar con ella.
Buenos días, romerita. Señor rey, muy n`hora buena.
¿Dónde deja usted los condes que tan sola usted viniera?
Váigase con Dios, el rey, que mi marido atrás queda.
Diga, diga, la señora, de las señas que él era.
Era blanco como un sol, relumbra como una estrella.
Suben el rey a comer, ni un bocado que él comiera;
los pajes le echaban vino, ni una gotera bebiera;
súbese el rey a dormir, tampoco un sueño dormiera.
Arriba, los pajecitos, dime tras de la romera,
ni por plata ni por oro no vos vengáis en sin ella.
Dígamos usté, el buen rey, de las señas que ella era.
Era blanca como un sol, relumbra como una estrella,
trae el cabello tendido que a la cintura la llega,
los anillos de sus dedos relumbran a media legua,
el rosario de sus manos tres carreras de oro lleva,
zapato de oro picado, calceta de fina seda,
y una toca de teriana ¡mi Dios, qué hermosa ella era!,
encima de todo esto traía una capa aguadera,
que por más agua que caiga no le cala una gotera,
también le carea el sol y los aires de la peña.
Van los pajes a buscarla por la mar y por la tierra;
al entrar en un lugar, alcuentran con la romera.
Buenos días, romerita. Pajes del rey, n`hora buena.
Venimos a por usted, para que asista a la mesa.
Decile, los pajecitos, que le asistiese la reina,
si de alta sangre era él, de tan alta la mía era,
si él es rey de sus vasallos, yo soy del cielo y la tierra.
que soy la madre de Dios, que andaba aprendiendo tierra.
Si usté es la madre de Dios, queremos `dorar en ella.
Doráime, los pajecitos, de los pies a la cabeza.
Les echó la bendición y al palacio se volvieran.
Buenos días, señor rey. Pajes míos, n`hora buena.
Decidme, los pajecitos, ¿dónde dejáis la romera?
Eso no lo haré, señor, así perdiera mi alteza,
porque es la madre de Dios, que andaba aprendiendo tierra,
dipués de puesta a correr va como una fugadera.
¡Oh, quién lo hubiera sabido, pa hacele la reverencia!