La Virgen romera v12

IGR: 0192. Versión: 12. Rima: é-a. Hemistiquios 72.

Oseja de Sajambre (ay. Oseja de Sajambre, p.j. Cistierna, ant. Riaño, comc. Sajambre, León, España)

Allí arriba en alto cielo    se pasea una romera,
que en los días de mi vida    no he visto cosa más bella.
Salió el rey a pasearse    en sus coches y galesas;
desque vio tal hermosura,    se despuso a hablar con ella.
Buenos días, romerita,    ¿tú sola por esta tierra?
No vengo sola, señor,    que mi marido atrás queda,
queda con unos serranos    n`el tronco de aquella sierra.
Cuando yo era pequeñita,    cuando yo era más pequeña,
tuve yo una enfermedad    que otros muchos la tuvieran;
a Santiago de Galicia    le he ofrecido una promesa,
a Santiago de Galicia    y ahora voy a concederla.
Romerita, si usted quiere,    puede ir en mis galesas.
Le estimo, señor buen rey,    le estimo tantas finezas,
que la gloria l`otro mundo    no está tan en comenencia.
Marchó el rey a su palacio    todo lleno de tristeza;
le pusieron de comer,    ni una cosa que comiera;
le pusieron de beber,    ni una gota que bebiera.
Habéis de saber, mis pajes,    que hoy he visto una romera,
que en los días de mi vida    no he visto cosa más bella,
ir, pajes, a buscarla,    ir, pajes, y traerla,
ni por oro ni por plata    no os vengáis en sin ella.
El uno de los más listos,    el que más pequeño era:
Dígamos, su magestad,    ¿qué señas tié la romera?
Linda cara, lindos ojos,    lindas narices y cejas,
una estoca toledana    que a la centura le llega.
Ya la vieron relumbrar    debajo de una alameda.
Dice el uno contra el otro:    Pisa quedo, no nos sienta.
Por despacio que lo ha dicho,    la romera bien lo oyera.
¿Qué buscáis, los mis queridos,    qué buscáis por esta tierra?
Somos vasallos del rey    y en busca de usted viniera,
de parte del rey, señora,    le traemos esta esquela.
Hijos, yo no sé leer,    que no anduve a la escuela,
se me murieron mis padres,    me dejaron muy pequeña;
después que los padres mueren    no se aprenden cosas buenas.
Lo que la esquela trae,    de memoria lo dijera:
Que si usted quiere servirle    para asistirle a la mesa.
Decirle, los mis queridos,    decirle de esta manera:
que si él manda en sus vasallos,    yo mando en cielo y tierra.

Bibliografía:
Recitada por Juana Blanco (40a). Recogida por Ramón Menéndez Pidal, 1909. (Archivo: AMP; Colec.: María Goyri-Ramón Menéndez Pidal). Publicada en TOL II 1991, pp. 267-268.