IGR: 0169. Versión: 147. Rima: 8+8 í-a. Hemistiquios 68.
Asturias s. l. (parr. Moro, ay. Ribadesella, p.j. Cangas de Onís, Asturias, España)
Cuando yo era chiquitina, apenas tenía cinco años,
de los brazos de mi padre los moros me arrebataron.
Me llevaron al desierto, largo tiempo me tuvieron,
hasta que yo fui encontrada por mi hermanito aguileño.
El día de los torneos, fue por la morería,
oí cantar una mora al pie de la fuente fría.
Apártate, bella mora, apártate, mora linda,
deja beber mi caballo de esa agua tan cristalina.
No soy mora, caballero, que soy cristiana cautiva,
me cautivaron los moros desde pequeñita niña.
¿Quieres venirte conmigo para mi caballeriza?
Estos pañuelos que llevo, ¿dónde yo los dejaría?
Los de seda y los de hilo llévalos contigo, niña,
y los que no valgan nada a la corriente se tiran.
¡Ay!, mi honra, caballero, ¿dónde yo la dejaría?
En la punta de mi espada y en mi corazón cautiva.
Al llegar a la montaña la morita ya suspira.
¿Por qué suspiras, bien mío, por qué lloras, mora linda?
¿No tengo de suspirar?, si era aquí donde venía
con mi hermanito aguileño y mi padre en compañía.
¡Válgame la Virgen Santa, la Virgen Santa María,
creí traer una mora y traigo una hermana mía!.
Ábreme la puerta, padre, ventanas y celosías,
que aquí te traigo el tesoro que llorabas noche y día.
Mi padre me recibió con muchísima alegría
y después me preguntó con los moritos qué hacía.
Padre mío, los moritos a mí mucho me querían;
locos me andarán buscando por aquellas serranías.
Padre, vamos a escribirles a los moros una carta,
porque yo sé bien las señas, en Cortijo Casa Blanca.
La carta ya está mandada, ya vino contestación:
que si nos vamos con ellos nos regalan un millón,
un cortijo con cien huertas y cien bueyes de labor.
Y se casa la morita con el hijo del patrón.