IGR: 0159. Versión: 35. Rima: á. Hemistiquios 102.
Soutelo (parr. Piquín, ay. Ribeira de Piquín, ant. Meira, p.j. Fonsagrada, Lugo, España)
¡Julianita, Julianita, hija del buen rey Galán,
Dios te me diera tres horas, tres horas a mi mandar!
Tres horas a un caballero no se le pueden negar,
pro los hombres son traidores, luego se van a alabar.
No temas, ay Julianita, no temas a que haga tal;
con esta espada me maten, con esta ou con otra tal,
con esta espada me maten cuando eu me vaya a alabar.
Inda bien no lo había hecho, cuando se fuera a alabar
que durmira cunha nena, na villa non hai outra tal.
Unhos dicen: «¿Quén sería?»; outros dicen: «¿Quén será?»
i outros dicen: «Julianita, hija del buen rey Galán.»
Su padre, desque lo supo, triminara de a queimar,
y ha llamado cuatro mozos para la leña cortar.
Dios me diera un pajarito de los que saben volar,
para mandar una carta a Carlos de Montealvar.
Escríbela pronto, prima, que yo te la iré llevar.
Y al llegar a los palacios donde se iba a pasear.
Abrízaras, ay don Carlos, de tristura e de pesar,
quedan cortando na leña para Juliana queimar.
No se me da que la quemen ni que le hagan otro mal,
dáseme por aquel vientre, que era de sangre real.
Estando en estas razones, el paje empieza a llorar.
¿Por qué lloras, pajercito, o por qué es tanto llorar?
Si te han hecho mal mis perros, yo los mandaré matar,
si te han hecho mal mis criados, los mandaré castigar.
No me han hecho mal sus perros, no los mande usted matar,
ni tampoco sus criados, no los mande castigar,
que `o lloro por Julianita porque la van a queimar.
Desensíllame el caballo y vuélvemelo a ensillar.
Quitou zapatiños d`ouro e púxoos de cordobán,
quitou vestido de seda e púxoo de cardenal.
Y al llegar a los campos donde la iban queimar:
Dio-los guarde a ustedes, señores, alcaldes de este lugar,
¿para quién es esa hoguera o qué ahí quieren quemar?
Es pra doña Julianita, hija del buen rey Galán.
Esa niña es muy joven, no va bien sin confesar.
La confiesan siete frailes i-a ningún contou verdad;
Confiésela usted, padre, que acaso la contará.
La cogiera de la mano, la llevó al pie del altar.
¿Que che deu, ay Julianita, don Carlos pra te engañar?
Deume un vestido de seda, conmigo ha d`ir a queimar.
¿Que che deu máis, Julianita, don Carlos pra te engañar?
Deume unhos zapatos d`ouro, conmigo han d`ir a queimar.
Si me dejas darte un beso, te libro de todo mal.
No lo quiera Dios del cielo ni los santos del altar,
donde Carlos puxo os labios que los ponga un cardenal.
La cogiera en sus brazos, la poniera en el ruán.
Quédense con Dios, señores, alcaldes de este lugar,
que esta nena es muy mía, con ela me vou casar.
Bien lo vira ir su padre de altos palacios que está.
Da la vuelta, caballero, que te la quiero dotar.
No quiero que usted la dote ni que le haga otro mal,
para mí y para ella haciendas no han de faltar,
ni tampoco llaves de oro, las que pueda manejar.
Anduviera siete leguas sin con ella palabra hablar;
desde las siete a las ocho, la niña empieza a llorar.
¿Por qué lloras, Julianita, o por qué es tanto llorar?
Más quixera ser queimada en un fuego de alquitrán,
que no verme en estos montes en brazos de un cardenal.
No llores, no, Julianita, que ya no es tiempo de llorar,
que el que te lleva en sus brazos es Carlos de Montealvar.