IGR: 0159. Versión: 36. Rima: í-a+á(-e. Hemistiquios 136.
España
A caza va el emperador a Sant Juan de Montiña;
con él iba el conde Claros por le tener compañía.
Contándole iba, contando, el gran menester que tenía:
No me lo digáis, el conde, hasta después a la venida.
Mis armas tengo empeñadas por mil marcos de oro y más,
otros tantos debo en Francia sobre mi buena verdad.
Llámenme mi camarero de mi cámara real;
dad mil marcos de oro al conde para sus armas quitar;
dad mil marcos de oro al conde para mantener verdad;
dalde otros tantos al conde para vestir y calzar;
dalde otros tantos al conde para las tablas jugar;
dalde otros tantos al conde para torneos armar;
dalde otros tantos al conde para con damas folgar.
Muchas mercedes, señor, por esto y por mucho más.
A la infanta Claraniña vos por mujer me la dad.
Tarde acordastes, el conde, que mandada la tengo ya.
Vos me la daréis, señor, acabo que no queráis,
porque preñada la tengo de los seis meses o más.
El emperador que esto oyera tomó de ello gran pesar.
Vuelve riendas al caballo y tornóse a la ciudad.
Mandó llamar las parteras para la infanta mirar.
Allí habló la partera, bien veréis lo que dirá:
Preñada está la infanta de los seis meses o más.
Mandóla prender su padre y meter en escuridad,
el agua, hasta la cinta porque pudriese la carne,
y perezca la criatura, que no viva de tal padre.
Los caballeros de su casa se la iban a mirar.
Pésanos de vos, señora, cuanto nos puede pesar,
que de hoy en quince días el emperador os manda quemar.
No me pesa de mi muerte porque es cosa natural,
pésame de la criatura, porque es hijo de buen padre;
mas si hay aquí alguno que haya comido mi pan,
que me llevase una carta a don Claros de Montalván.
Allí habló un paje suyo, tal respuesta le fue a dar:
Escribilda vos, señora , que yo se la iré a llevar.
Ya las cartas son escritas, el paje les va a llevar;
jornada de quince días en ocho la fuera a andar.
Llegado había a los palacios adonde el buen conde está.
Bien vengáis, el pajecico, de Francia la natural.
¿Qué nuevas me traéis de la infanta? ¿cómo está?
Leed las cartas, señor, que en ellas os lo dirá.
Desque las hubo leído tal respuesta le fue a dar:
Uno me da que la quemen, otro me da que la maten.
Ya se partía el conde, ya se parte, ya se va,
jornada de quince días en ocho la fuera a andar.
Fuérase a un monasterio donde los frailes están;
quitóse paños de seda, vistió hábitos de fraile.
Fuérase a los palacios de Carlos el emperante.
Mercedes, señor, mercedes, queráismelas otorgar,
que a mi señora la infanta, vos me la dejáis confesar.
Ya lo llevaban al fraile a la infanta confesar.
En lugar de confesarla de amores le fue a hablar:
Tate, tate–, dijo, –fraile, que a mí no llegarás,
que nunca llegó a mí hombre que fuese vivo en carne,
sino solo aquel don Claros, don Claros de Montalván,
que por mis grandes pecados por él me quieren quemar.
No doy nada por mi muerte pues que es cosa natural,
mas pésame de la criatura porque es hijo de buen padre.
Ya se iba el confesor al emperador hablar:
Mercedes, señor, mercedes queráismelas otorgar,
que mi señora la infanta sin ningún pecado está.
¡Ay!–, habló el caballero que con ella quería casar,
Mentides, fraile, mentides, que no decís la verdad.
Desafíanse los dos, al campo van a lidiar;
al apretar de las cinchas conociólo el emperante:
dijo que el fraile es don Claros, don Claros de Montalván.
Mató el fraile al caballero, la infanta librado ha;
en ancas de su caballo consigo la fue a llevar.
Variantes: -43b uno m. d. Canc. de 1550; -52a Él cuando se vio ella.