IGR: 0159. Versión: 31. Rima: á. Hemistiquios 116.
Caldevilla (ay. Posada de Valdeón, p.j. Cistierna, ant. Riaño, comc. Valdeón, León, España)
Galancina, Galancina, hija de un conde Galán,
¡quién te tuviera tres noches al tu gusto, al mi gozar!
Al cabo de las tres noches don Carlos se fue a alabar:
Dormí con la mejor dama que el mundo puede criar;
es de alta como un pino, de fina como un coral,
y entre sus dos lindos pechos cuatro juegan a juegare.
La gente, como es tan mala, a su padre fue a enterar.
Su padre, de que lo supo, luego la mandó a encerrar
donde no vea sol ni luna ni vino que le haga mal.
Las amigas de su pueblo la iban a visitar;
dicen unas a las otras: «Galancina encinta está.»
Galancina estando sola no cesaba de llorar.
De que lo supo su prima luego la fue a visitar:
¿Qué tienes, prima, mi prima, que no cesas de llorar?
¡Ay, quién fuera pajarito, ay, quién pudiera volar,
para llevarle una carta a don Carlos Montealbar!
Escríbela tú, mi prima, que yo se la iré a llevar,
por arriba corro mucho, por abajo he de volar.
Y al pasar aquellos montes y al cruzar al arenal,
se encontró con los palacios de don Carlos Montealbar.
Buenos días, señor conde. Buenos días a la par,
¿qué hay de bueno por la tierra, qué hay de malo por el mar?
No hay de bueno por la tierra ni de malo por el mar,
que a su novia Galancina mañana la irán quemar.
Si la queman, que la quemen, que a mí lo mismo me da,
que España, como es tan grande, novia no me ha de faltar.
Tenga, conde, lea esa carta, que ahí le dirá la verdad.
Tan pronto como la abrió, pronto la volvió a cerrar.
Ocho caballos que tiene, ocho mandó aparejar;
siete se le reventaron, le quedó el caballo `el mar.
Anda, caballo, anda, Dios te me libre de mal,
la cebada de ocho días hoy te la vas a cenar,
unas herraduras nuevas hoy te las vas a gastar,
de jornada treinta leguas hoy te las tienes que andar.
Al pasar aquellos montes y al cruzar el arenal,
se encontró con una ermita, se vistió de capellán.
Buenos días, señor conde. Buenos días a la par.
¿Pa qué tiene tanta leña, no siendo por Carnaval?
Para quemar una hija que me ha hecho una maldad.
Esa hija será tierna para ir sin confesar,
deme licencia, buen conde, para irla a confesar.
La mi licencia, buen rey, por suya la tiene ya,
tres confesiones le han hecho y a ninguna la verdad.
No me digas la mentira ni me niegues la verdad,
dime, Galancina, dime, ¿qué te ha dado de señal?
Me ha dado un anillo de oro que conmigo irá a quemar.
Dime, Galancina, dime, ¿qué te ha dado de señal?
Me ha dado un mantón de seda que conmigo irá a quemar.
Dime, Galancina, dime, sino te ha dado algo más.
Me ha dado palabra humana que no me había de olvidare.
Dame un beso, Galancina, si tú me lo quieres dar.
Yo no beso al señor cura ni tampoco al capellán,
que tengo el amor muy firme en don Carlos Montealbar.
Ya la pone por la mano y a su padre le fue a enseñar.
Cáselas todas con condes, que ésta con un conde va;
que para ser hija suya, ¡buen dote le quería dar!
Ya la pone en el caballo, la llevó a Montealbar.
Le echan perros, le echan galgos, no le pudón alcanzar.