IGR: 0159. Versión: 5. Rima: á. Hemistiquios 103.
Quilós (ay. Cacabelos, p.j. Ponferrada, ant. Villafranca del Bierzo, comc. Cacabelos, León, España)
Don Carlos va de paseo, don Carlos de Montealbar;
las criadas y doncellas todas salen a mirar,
también salió Galanzuca por un balcón a mirar.
¡Qué cuerpo llevas, don Carlos, qué cuerpo pa enamorar!
También yo llevo cuerpo para con damas hablar.
Don Carlos tiende la capa, Galanzuca su breal.
Pasó por allí un buen hombre, que no debía pasar.
No diga nada, buen hombre, que yo le voy regalar:
de tres coronillas de oro a mitad le voy a dar;
Galanzuca, que es más rica, algo más le podrá dar.
Aquel buen hombre el camino, Galanzuca el pedregal;
llegó antes Galanzuca que aquel hombre dé verdad.
Nuevas le traigo, buen rey, nuevas de grande pesar:
que a su hija Galanzuca n` alto monte la vi quedar
y quedaba ella sola con Carlos de Montealbar,
y, si no me lo quiere creer,
dentro de cuatro meses Galanzuca encinta está.
Manden, prender ese hombre, no me cuente la verdad,
que mi hija Galanzuca en alto palacio está.
Manden soltar ese hombre, que me dice la verdad,
que mi hija Galanzuca yo la tengo de quemar.
Yo no siento que me quemen ni me dejen de quemar,
lo que siento es lo que llevo dentro; que muere sin bautizar.
Suban, suban, mis criados, suban, sin ningún tardar,
voy a escribir una carta a Carlos de Montealbar.
Escríbala usted, mi prima, que yo se la iré a llevar.
Nuevas le traigo, don Carlos, nuevas de grande pesar,
que su novia Galanzuca se la llevan a quemar.
Yo no siento que la quemen ni la dejen de quemar,
que para mí en Castilla mujeres no han de faltar.
Si me lo dices de bromas, ven conmigo a almorzar;
si me lo dices de veras, mi caballo subreal.
Usted, como madre vieja, un consejo me ha de dar
¿qué vestido me pongo para ir a presentar?
Quita el traje de paisano, ponte el de cardenal.
Cuando llegó allí, ya la iban a quemar.
¿Dónde llevan a esa niña, que muere sin confesar?
Siete frailes la confiesan y no dice la verdad.
Que conmigo serán ocho y a mí me la ha de dar.
Y la cogió de la mano y la llevó hacia el altar.
En el sexto mandamiento ¿qué tienes que confesar?
Cinco noches he dormido con Carlos de Montealbar;
tres han sido por mi gusto, dos contra mi voluntad.
Alza los ojos al cielo y verás con quién estás.
En el vestir me pareces, me pareces cardenal;
en las manos me pareces a Carlos de Montealbar.
La montó en su caballo y con ella marchó ya.
Si la llevas por esposa, joyas la iré a buscar;
si la llevas por querida, nunca la puedas gozar.
¡Padres que quemáis los hijos, qué joyas les vais a dar!;
siete vestidos tengo hechos, otros siete sin cortar,
otros siete estoy cortando, otros siete en el telar,
¡padres que quemáis los hijos, qué joyas les vais a dar!