IGR: 0153. Versión: 32. Rima: polias.. Hemistiquios 62.
Urueñas (ay. Urueñas, p.j. Sepúlveda, Segovia, España)
Doña Alfora se pasea por su palacio real,
dolores la dan de parto que la hacen arrodillar.
Doña Alfora así decía: ¡Quién estuviera en ca mis padres!
No se harían tan pesados ni se me harían tan grandes.
La pícara de la suegra, que oyéndolo e3staba
y la dice: –Vete, Alfora, a parir a`n ca tus padres;
a la noche viene Alfonso, yo le preparo cenare,
paja para los caballos y grano pa amancebarle[s].
Por la noche viene Alfonso, no pregunta por cenare,
que pregunta por su Alfora que a recibirle no sale.
Doña Alfora, hijito mío, por esos caminos va,
palabras irá diciendo que el diablo la entenderá:
que tú la cortas el vino, que tú la cortas el pan.
Si no vas y me la matas, no serás hijo mío más.
Coge Alfonso los caballos, alas criadas por delante,
y al entrar en la ciudad se ha encontrado con su padre.
¡Vamos, vamos, don Alfonso, si te quieres levantar,
si no quieres que te clave la punta de mi puñal;
mira que el puñal es nuevo y en ti le voy a estrenar.
si no quieres que te clave la punta de mi puñal;
mira que el puñal es nuevo y en ti le voy a estrenar.
¡Cómo quieres que me vista, cómo quieres que me calce;
mis brazos descoyuntados, mis venas vertiendo sangre!
Las criadas que la visten rezaban credos y salves,
su madre, que la miraba, vertía lágrimas de sangre.
La ha cogido en el caballo y la ha puesto por delante,
y una capa que tenía, envuelto lleva al infante.
Alfora, no llores, no llores, mira que no viene nadie;
ni tu padre ni tu madre, ni el que a ti te ha de salvarte.
El fiarse de mujeres y bien perdido va a ser,
por fiarme de mi madre maté al hijo y la mujer.