IGR: 0140. Versión: 41. Rima: á-a. Hemistiquios 59.
Ribota (ay. Oseja de Sajambre, p.j. Cistierna, ant. Riaño, comc. Sajambre, León, España)
Un rey tenía tres hijas, todas tres como una grana,
la más pequeñita de ellas Altamara se llamaba.
Aquella linda tan hermosa corre que vuela su fama.
Y hasta un hermano que tiene ya trataba de gozarla.
Para gozarla de amor cayó malito en la cama.
Iba a verlo el rey su padre, caballero sin compaña.
¿Qué tienes tú, don Alonso, que estás malito en la cama?
Calenturas, padre mío, que el alma se me arrancara.
De los manjares del mundo, ¿qué hubiera que te gustara?,
¿comieras una pollita, si te la guisa Altamara?
Si Altamara me la guisa, venga sola, sin compaña.
Por la salita de amor venía la linda Altamara,
con la polla entre dos platos y debajo la cuchara,
y a la su mano derecha lleva una jarrita de agua
para dar al don Alonso, que está malito en la cama.
¿Qué tienes tú, don Alonso, que estás malito en la cama?
El mi mal, Altamarita, entre tus ojos estaba.
Pues, si anda entre mis ojos, no levantes de esa cama.
Sin llegar a mas razones, a tirarse de la cama;
hizo della lo que quiso y hasta escupirla en la cara.
Y Altamara daba voces, y Altamara voces daba.
Bien la oía el rey su padre, caballero sin compaña.
¿Qué tienes tú, Altamarita, qué tienes tú, Altamara?
Qué tengo `e tener, mi padre,
que hasta un hermano que tengo me quita honra y fama.
Calla, calla, Altamarita, calla, calla tú, Altamara.
yo le tengo `e meter fraile y a ti monja `e Santa Clara.
¡Mira qué razón de padre, mira si me arranca el alma,
que una vida dura mucho, y una vida pronto acaba,
más quiero morir con honra, que el vivir deshonrada!