IGR: 0110. Versión: 358. Rima: á. Hemistiquios 46.
Torrijo de Cañada (ay. Ateca, Zaragoza, España)
Desde que empezó la guerra entre España y Portugal;
llamaron al conde Flores de capitán general.
La condesa, como niña, no cesaba de llorar:
¿Para cuántos años, conde? Para siete nada más;
si a los siete no vengo, con otro puedes casar.
Pasan siete y pasan ocho y el conde no viene más;
un día estando en la mesa su padre la dice ya:
Ya te puedes casar, hija, que el conde no viene más.
Se vistió de peregrina y al conde se fue a buscar.
Andando por mar y tierra por fin se vino a encontrar
unos caballitos blancos que llevan para ensayar:
¿De quién son esos caballos que llevan para ensayar?
Del conde Flores, señora, que está en hora de casar.
Te doy esta bolsa de oro si me llevas donde está.
Al palacio del conde Flores, al palacio llegan ya.
Conde, déme una limosna por la Santa Trinidad,
que vengo de las Italias y no tengo qué cenar.
Si vienes de las Italias por allí conocerás
a la bella condesita que está en hora de casar.
Que si yo la viera a ella, ya no me casaba ya.
Al oír estas palabras la condesa desmayó
y en el fuego del ataque el sombrero se cayó.
Dijo el conde, convencido: Ésta es la que quiero yo.