IGR: 0110. Versión: 359. Rima: á. Hemistiquios 52.
Infantes (Ciudad Real, España)
Se ha conmovido una guerra entre España y Portugal
y al conde Flores se llevan de capitán general.
¿Para cuánto tiempo, conde, para cuánto tiempo te vas?
Voy pa siete, voy pa ocho, voy pa nueve nada más;
si a los diez años no vengo, ya te puedes tú casar.
Pasan ocho, pasan nueve cerca de los diez ya van;
un día estando en la mesa su papá la dijo ya:
¿Cómo no te casas, hija, cómo no te casas ya,
si el conde Flores no viene el conde no vuelve más?
Échame la bendición, que al conde voy a buscar.
Se viste de peregrina y al conde se va a buscar.
Ya había andado unas leguas con quien se vino a encontrar,
con unos caballos blancos que los llevan a domar:
¿De quién son esos caballos que los llevan a domar?
Señora, del conde Flores, que está en días de casar.
Os doy esta bolsa de oro si me decís dónde está.
En aquella montaña alta en su palacio real.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
(le pide una limosnita.)
Cuando estaba usted en su casa daba una poquita más.
¿Quién es esta peregrina que tantas señas me da?
Fija tu carita en mí y en mi precioso lunar.
Al oír estas palabras el conde cayó al suelo;
ni con agua ni con vino lo podían levantar,
hasta que le dio la mano su esposa la principal.
Su novia que estaba enfrente se quería atirar:
No te tires, no te tires, ni te dejes de tirar,
que mis amores primeros me han venido aquí a buscar.