IGR: 0110. Versión: 246. Rima: á. Hemistiquios 68.
Ceclavín (ay. Ceclavín, p.j. Cáceres, ant. Alcántara, Cáceres, España)
Lloraba la condesita, hace muy bien de llorar,
que al conde Florez lo llevan a la guerra a pelear.
Lo llevan por ocho años porque el rey lo quiere mal.
Al cumplir los ocho años el conde no viene ya.
Los padres de esta doncella: Hija, te puedes casar.
No me casaré, padre, que novio tengo yo ya.
Me eche usted la bendición, que yo lo voy a buscar.
La de Dios te caiga, hija, la mía delante va.
Ya llegó a la puerta `el conde [. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]
y le ha dado siete vueltas, no le encuentra la portá.
Al darle las ocho vueltas le encontró la principal.
Ha pedido una limosna, le han mandado a perdonar.
Dígale usté al conde Florez que con él yo quiero hablar.
Ha bajado el conde Florez y un ochavito le da.
¡Válgame Dios, conde Florez, ¡qué poca limosna das!,
cuando estabas en tu tierra siempre dabas algo más,
cuando no dabas un duro dabas un pedazo `e pan.
¿Quién es esta peregrina que tanta señal me da?,
no la conozco en el traje ni tampoco en el habla.
¿No te acuerdas del anillo que me diste en la ciudad?
Al oír estas palabras el conde cayó pa atrás;
ni con agua ni con vino lo pudon alimentar,
mientras no le dio la mano a su novia la principal.
¡Alto, alto, mis criados!, [. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]
a mi señora decirle que no me quiero casar,
que el espejo en quien me miro me ha salido aquí a buscar.
¡Malhaya la peregrina!, ¿quién diablos la trujo acá.
Calla, calla, condesita, que ahora te toca callar;
si tú eres hija de un conde, yo de un rey que es algo más.
Aunque me ves vestidita de sayos para un sayal,
la falda que traigo enbajo vale más que tu caudal.
Conde Florez si te vas, yo por ti no he de llorar;
de la ventana más alta yo me tengo de arrojar.
Te arrojes o no te arrojes, yo pa atrás no he de mirar,
que el espejo en quien me miro me ha salido aquí a buscar.