IGR: 0110. Versión: 245. Rima: á. Hemistiquios 92.
Cañaveral (ay. Cañaveral, p.j. Cáceres, ant. Garrovillas, Cáceres, España)
Lloraba la condesita, tiene por dónde llorar,
que se ha ido el conde Flores a la guerra a pelear.
Se ha ido por ocho años, que el rey no precisa más.
Los ocho años pasaron y el conde no viene ya.
Ya te puedes casar, hija, que el conde no viene ya.
Ya me casaré yo, madre, que novio tengo yo ya;
si no me lo han matado a servir al rey está.
Me eche usted la bendición, que ya lo voy a buscar.
La de Dios te venga, hija, la mía delante va.
Se vistió de peregrina y echó mano a caminar.
Allegó a tierras de Umbría, junto a un palacio real.
Se ha encontrado con un coche de mulas a pasear:
¿De quién son estas mulitas?, no me lo quieras negar.
Del conde Flores, señora, mañana se va a casar;
el pan ya tienen cocido, la carne van a picar,
el vino que le hace falta, a por él van a mandar.
Dime, niño, dónde vive, no me lo quieras negar.
En aquellas ventanas altas de aquel palacio real.
Tres vueltas le dio al palacio y no encontró la portá;
a las cuatro ya encontró la puerta la prencipal.
Ha pedido la limosna, la han mandado perdonar.
Si está por ahí el conde, diga usted que baje acá
¿Qué quiere la pelegrina que tan porfiada está?
Que me des una limosna para poder caminar.
Metió mano a su bolsillo, un ochavito le da
¡Várgame Dios, señor conde, qué poca limosna das!,
cuando estabas en tu casa siempre dabas algo más.
¿De dónde es la pelegrina que tantas señas me da?,
no la conozco en el traje ni tampoco en el hablar.
¿No te acuerdas del anillo que me diste en la ciudad?
El conde, de que oyó esto, redondo cayó pa atrás;
ni con agua ni con nada no lo hacían levantar,
mientras no le dio la mano su novia la principal.
Sube y dile a mis amigos que no me puedo casar,
que el espejo en que me miro ya me ha venido a buscar.
¡Malhaya la pelegrina, ¿quién diablos la trujo acá?
Malhaya la pelegrina, que no me voy a casar.
Cállate tú, condesita, porque te toca callar,
que si eres hija de conde yo de rey que vale más.
Cállate tú, condesita, porque te toca callar,
que el mantón que traigo aqui vale más que tu caudal.
De las ventanas más altas, d` este palacio real,
de las ventanas más altas me tengo yo de tirar.
Si te tiras que te tires, a mi tanto se me da;
yo me voy con la mi novia, mi novia la principal.
En el pueblo más cercano allí los van a casar.