La Condesita v232

IGR: 0110. Versión: 232. Rima: á. Hemistiquios 88.

Encinasola de los Comendadores (ay. Encinasola de los Comendadores, p.j. Vitigudino, Salamanca, España)

La Francia se ha levantado    de Galicia y Portugal
y al conde de Rosas llevan    de tiniente capitán.
La condesa, que eso sabe,    no cesaba de llorar,
y llorando le pregunta:    ¿Por cuántos meses te vas?
Los meses no te los digo,    los años puedes contar;
si a los siete no he venido,    condesa, ya puedes casar.
Los siete ya van de vuelo,    los ocho de vuelo van.
Si a los nueve no he venido,    condesa, ya puedes casar.
Un lunes en la mañana    su padre la envió a llamar:
Tienes una proporción,    hija, si te quiés casar,
que en todo tierra de Ledesma    ni por aquí no la habrá.
No me quiero casar, padre,    yo no me quiero casar,
que he tenido por noticia    que vive el conde don Blas.
Écheme usted la bendición,    que yo lo voy a buscar.
La bendición te echo, hija,    y la de la soledad,
y la mía te acompañe,    si no te vuelvo a ver más.
Se ha metido para un cuarto,    se ha empezado a desnudar;
se quita la ropa fina,    se pone la de sayal.
Coge un bordón dorado    y empieza a pelegrinar.
Cien leguas lleva de tierra    y otras tantas por el mar.
Ha llegado a una fuentecilla    que seca de sede va.
A poco de estar allí,    un pájaro allí fue a dar:
Dime, dime, pajarcillo,    dime, dime la verdad:
¿de quién son esos caballos    que están a la orilla el mar?
Esos caballos, señora,    usted no los conocerá;
esos caballos, señora,    son del conde don Blas,
que hoy másan el pan de boda    y mañana se va a casar.
Seis vueltas le dio al palacio,    por ningún lao los vio estar.
Asomóse a una ventana,    uando allí lo viera estar,c
conversando con la dama    que intentaba de casar.
Ha pedido una limosna    con mucha necesidad:
Váyase la pelegrina,    que no tengo qué le dar.
Algún día, señor conde,    limosna solía dar.
¿De qué tierra pelegrina    con tanto pelegrinar?
Yo soy de Francia, señor,    un poquito más aca.
Al ver que era de su tierra    ¡qué compasion no le da!
Ha echado mano al bolsillo    y le ha regalado un rial.
Al tiempo que se lo diera    le volviera a preguntar:
¿De qué tierra pelegrinita    con tanto pelegrinar?
Yo soy de Francia, señor,    un poquito más acá.
La bendición de mi padre,    aquí te viene a buscar.
Altos, altos, mis criados,    los caballos ensillar;
de lo dicho me arrepiento,    de lo tratado no hay ná,
si mi mujer fuera mala    no me viniera a buscar.

Bibliografía:
Recogida por Federico de Onís, 1910. (Archivo: AMP; Colec.: Onís, F. de (M. Goyri-R. Menéndez Pidal)). Publicada en RTLH 4 (1970), pp. 168-169, nº V.177.