El enamorado y la Muerte+Penitencia del rey don Rodrigo v1

IGR: 0081+0020. Versión: 1. Rima: í-a. Hemistiquios 80.

Galende (ay. Galende, ant. Puebla de Sanabria, p.j. Puebla de Sanabria, comc. Sanabria, Zamora, España)

Ayer noche soñé un sueño,    soñito del alma mía,
soñé que tenía en mis brazos    la prenda que más quería
y era la Muerte que estaba    haciéndome compañía.
¿Qué haces ahí, la Muerte,    a deshora en casa mía?
Vengo por tí. Enamorado,    que el rey del cielo me invía
Por Dios te pido, la Muerte,    por Dios y Santa María,
por Dios te pido, la Muerte,    que me dejes otro día,
que me qiero confesar,    repentirme si podía.
S`otro día no es de noche    el galán a rondar iba:
Ábreme la puerta, blanca,    ábreme la puerta, niña.
¿Cómo te he de abrir la puerta    si licencia no tenía?
mi padre se está acostando,    mi madre no está dormida.
No me la abres esta noche,    no me la abres en tu vida.
Ves derecho a la ventana    donde labraba y cosía,
que te echaré bordón de oro    para que subas arriba,
si el bordón no te alcanzase,    mis cabellos te echaría.
Estando en estas razones,    la Muerte que allí venía:
Vamos, vamos, Namorado,    que es hora `dejar la niña`.
Lo cogió la Muerte acuestas    por una escura montiña,
donde no hay moros ni moras,    ni gente de cristianía;
sólo era una ermita    que un ermitaño tenía:
Por Dios te pido, ermitaño,    por Dios y Santa María,
que me confieses esta alma,    que bien pago te sería.
Confesar, confesaréla,    ausolverla no podía.
El pecado no es muy grande    si no es una hermana o prima.
Esa fue la mi desgracia    y esa fue la mi desdicha:
quité la fror a una hermana,    deshonré a una mi prima.
Déme usté la penitencia    según la merecía,
no me la dé por un año,    ni tampoco por un día,
démela por una noche    donde la gente no había.
Allá arriba, muy arriba,    hay una cueva metida;
en medio de aquella cueva,    hay una serpiente viva;
catorce brazas tien de larga    y otras tantas de anchor tenia;
fuese grande, fuese chica,    por siete bocas comía.
S`otro día a la mañana    a ver el penitente iba:
¿Cómo te va, el penitente,    con tu mala compañía?
Bien me iba, el ermitaño,    mejor que lo merecía,
de medio cuerpo p`abajo    no más los güesos tenía,
de medio cuerpo p`arriba    luego lo emprecipiaría.
¡Adiós, adiós, ermitaño,    que se me acaba la vida!

Otros datos:
Notas: -8a qiero sic. La recitadora aprendió el romance de niña. Dijo que se canta sobretodo en la segada.

Bibliografía:
Recitada por una mujer. Recogida por Tomás Navarro Tomás, 1910. (Colec.: Navarro Tomás, T.). Publicada en Catalán 1970b, pp. 41-42.