IGR: 0081+0797. Versión: 1. Rima: í-a. Hemistiquios 94.
San Martín de Castañeda (ay. Galende, ant. Puebla de Sanabria, p.j. Puebla de Sanabria, comc. Sanabria, Zamora, España)
Esta noche soñé un sueño muy contrario al alma mía,
soñé que tenía en mis brazos la prenda qe más quería,
era la Muerte que estaba haciéndome compañía.
¿Qué haces aquí, la Muerte, a deshora en casa mía?
Por tí vengo. Enamorado, que Dios del cielo me índia.
Por Dios te pido, la Muerte, por Dios y Santa María,
que me dejes otra noche, que me dejes otro día,
que me quiero confesare, enmendarme de esta vida.
Aún no era bien de noche y el mozo a rondar iba:
Ábreme la puerta, blanca, ábreme la puerta, niña,
que si hoy no me la abres, ya no la abras en la vida.
¡Cómo quieres que te la abra, si yo abrirla no podía!
mi padre se está acostando, mi madre que no dormía,
mis hermanitos pequeños mirando a ver lo que hacía;
anda, vete a la ventana, donde planchaba y cosía,
echaréte un gordón de oro para que subas arriba,
donde mi gordón no alcance, mi cabello te echaría.
Estando en estas razones, la Muerte que allí volvía:
¡Vamos, vamos, Namorado, ya es hora `dejar la niña!
Lo cogió la Muerte a cuestas por unos altos arriba;
se encontró con una ermita que un ermitaño tenía:
Por Dios te pido, ermitaño, por Dios y Santa María,
que me confieses esta alma, esta alma que aquí traía.
Confesar, confesaréla, yo ausolvela no podia.
El pecao de Enamorado ¿qué delito cometía?
El pecao no era muy grande si no es hermana o prima.
Esa fue la mi desgracia, esa fue la mi desdicha,
quité la flor a una hermana, deshonré a una mi prima.
Voy camino de Santiago, camino de romería,{M}
donde todos hemos ire, sea en muerto, sea en vida.
En grandes saltos tropieza en grandes hondos caía;
se metió en uno muy hondo y de él salir no podía.
Ya lo viera un caballero de muy buena cortesía:
¿Dónde vas tú, la buena alma, dónde vas, que vas perdida?
Voy camino de Santiago, camino de romería.
Arrimároste a las misas que has oído en esta vida.
¿Cómo me arrimaré, triste, si yo ninguna oiría.
Arrimároste a los rosarios que rezaste en esta vida.
¿Cómo me arrimaré, triste, por el suelo lo traía.
Arrimároste a los calvarios que anduviste en esta vida.
¿Cómo me arrimaré, triste, si a correr los pasaría.
Arrimároste a los amigos que tuviste en esta vida.
¿Cómo me arrimaré, triste, si ellos perversos serían.
Cuando vuelvas de Santiago por mi casa volverías.
N`otro día de mañana l` alma cantando venía:
Duerme, duerme, caballero, Dios te dé buena dormida,
que salvaste a la tu alma, también salvaste a la mía.