IGR: 0075. Versión: 143. Rima: á-a. Hemistiquios 80.
Quintana del Castillo (ay. Quintana del Castillo, p.j. Astorga, León, España)
Tres hijas tenía el rey la cosa que más amaba;
una se llama María, la otra se llamaba Juana,
la más chiquitina d`ellas Delgadina se llamaba.
Un día diendo pa misa su padre la reparaba:
Delgadina, Delgadina, tú has de ser mi enamorada.
No lo querrá Dios del cielo, ni la Virgen soberana,
que yo enamorada fuese de un padre que me criara.
Y al ver que ella no aceptó en un cuarto la encerraba
y allí la tuvo siete años ayunando a pan y agua.
Al cabo de los siete años se asomaba a una ventana,
viendo estar a sus hermanas en sillas de oro sentadas:
Hermanas que sois por cierto, alcanzadme una jarra de agua,
que el corazón se me apega y el alma se me arrancaba.
Quítate de ahí, traidora, quítate de ahí, malvada,
que aún no ha muerto mi madre y tú quieres ser madrastra.
Delgadina, con gran sed, se asomaba a otra ventana,
viendo estar a sus hermanos jugando juego de barra:
Hermanos que sois por cierto, alcanzadme una jarra de agua,
que el corazón se me apega y el alma se me arrancaba.
Bien te la diéramos, prenda, bien te la diéramos, hermana,
pero si padre lo sabe la cabeza nos cortara.
Delgadina, con gran sed, se asomaba a otra ventana,
viendo estar a la su madre doblando paños de Holanda:
Madre, que vos sois mi madre, alcanzadme una jarra de agua,
que el corazón se me apega y el alma se me arrancaba.
Quítate de ahí, traidora, quítate de ahí, malvala,
van siete anos para ocho que tú me haces mal casada.
Delgadina, con gran sed, se asomaba a otra ventana
y veía estar a su padre hablando con otras damas:
Padre, que lo sois por cierto, alcanzadme una jarra de agua,
que el corazón se me apega y mi alma se me arranca.
Sí te la doy, Delgadina, si me otorgas la palabra.
Tráigame el agua, mi padre, la palabra está otorgada.
Aprisa, aprisa, mis criados, a Delgadina dar agua.
Muy aprisa corrió el vino, más aprisa corrió el agua,
por aprisa que corriera Delgadina muerta estaba.
Delgadina se murió, pero no por falta de agua,
que a los pies de la su cama manaba una fuente clara.
La cama de Delgadina llena de ángeles estaba;
la cama del rey su padre de sierpes y cosas malas.
¡Válgame Nuestra Señora, válgame la Soberana!