IGR: 0075. Versión: 144. Rima: á-a. Hemistiquios 60.
Reggio (Louisiana, EEUU)
Había un rey que tenía tres hijitas
y la mas pequeñita Delgadina se llamaba,
y cuando su madre dé a misa su padre la enamoraba,
y como ella no quería en un cuarto la encerraba,
en un cuarto tan oscuro donde las ranas cantaban.
A los tres días de encierro, Delgadina en su ventana
y alcanzó a ver a su hermana jugando un juego de amas:
Hermana, por ser mi hermana ¿me darás un trago de agua?,
que de esta hambre y de esta sed [y] a Dios pienso dar del alma.
Pasa, pasa, perra malvada, quítate de esa ventana,
que si mi padre te ve y puñaladas te daba.
Delgadina se quitaba muy triste y desconsolada
y con las lágrimas de los ojos todo el cuarto lo bañaba.
A los seis días de encierro, Delgadina en su ventana
y alcanzó a ver a su otra hermana jugando un juego de amas:
Hermana, por ser mi hermana, ¿me darás un trago de agua?,
que de esta hambre y de esta sed [y] a Dios pienso dar del alma.
Pasa, pasa, perra malvada, quítate de esa ventana,
que si mi padre te ve y puñaladas te daba.
Delgadina se quitaba muy triste y desconsolada
y con las lágrimas de los ojos todo el cuarto lo bañaba.
Y a los nueve días de encierro, Delgadina en su ventana
y alcanzó a ver a su padre enamorando otra dama:
Padre, por ser mi padre, ¿me darás un trago de agua?,
que de esta hambre y de esta sed y a Dios pienso dar del alma.
Vaygan, caballeros, denle agua a Delgadina,
No me la den en tazas de oro ni en vasos de plata,
denme una copa de cristal para que me refresque el alma.
Y en la gloria las campanas repicando y los angelitos cantando
porque al montar las escaleras Delgadina muerta estaba.